L’immensità

Ficha técnica:

Título original:

L’immensità

Director: Emanuele Crialese

Duración: 98 min

País: Italia

Idioma: italiano

Intérpretes: Penélope Cruz

Luana Giuliani, Vincenzo Amato,

Patrizio Francioni, Maria Chiara

Goretti, Penelope Nieto Conti,

Alvia Reale, India Santella

DeAPlaneta

Sinopsis: Roma, años 70. Clara y Felice acaban de mudarse a un piso nuevo. Su matrimonio está acabado: ya no se aman, pero son incapaces de separarse. Lo único que los mantiene unidos son sus hijos, en los que Clara vuelca su deseo de libertad. Adriana, la mayor, acaba de cumplir 12 años y presencia muy de cerca los estados de ánimo de Clara y las tensiones cada vez mayores entre sus padres. Adriana rechaza su nombre y su identidad, quiere convencer a todo el mundo de que es un chico, y su obstinación hace que el ya frágil equilibrio familiar alcance un punto de ruptura. Mientras los niños esperan una señal que los guíe, todo cambia a su alrededor y en su interior.

Crítica:

Tres personas marginadas son las recipientes de la mirada de Emanuele Crialese: Clara, Andrea y Sara. Clara es un ama de casa de una familia romana de bien; tienen una gran casa, un coche deportivo y pueden irse de vacaciones a la costa con su familia sin reparar en gastos; sin embargo, sufre depresión y la violencia de su marido. Andrea es su hijo trans, que deberá luchar para que le acepten tal y como es. Y Sara es la hija de unos trabajadores que viven en unas chabolas, separadas de la casa de Clara y Andrea por unos juncos, y el interés amoroso de Andrea.

Será Clara, interpretada por una Penélope Cruz entregada al riesgo y sin miedo al ridículo,  quién lleve el peso temático de la cinta; hasta el punto de robarle espacio de desarrollo a los temas de clase y de identidad de género, acomodándose en una reivindicación, de inspiración feminista, de las mujeres sufridoras de su pasado. Y esa es la lectura más estimulante de la cinta, aunque se quede corta: la defensa de las amas de casa de la Historia —en este caso, nos acercamos a la Italia de los años 70— y de su cultura. La televisión, la música (los mejores momentos de la cinta son los tres desvíos musicales ), los vestidos y la casa. Todo ello recreado con todo lujo de detalles y una gran cuidado y dedicación. Es una reivindicación interesante, con mucho potencial, pues permitiría releer (si se debería es otro debate) la cultura de consumo desde el punto de vista de quienes la soportan sobre sus hombros. Es decir, contar la historia de los explotados: el ama de casa en contexto familiar, las personas trans en el individual y las clases trabajadoras en el socioeconómico. Y hay algo de eso, pero el cineasta italiano tiene otros intereses. 

Con una tendencia al preciosismo visual, la película se erige (casi) por y para su personaje principal y su lucimiento, de forma similar a los biopics de grandes personajes históricos femeninos, como Blonde o Spencer. Es más, la gran diferencia entre el cuento de terror que invoca Pablo Larrain en Spencer para Kristen Stewart y la macabra existencia de Clara en L’immensità es el anonimato histórico de esta última. Una decisión, al menos, honesta, que no juega con el morbo de la vida privada de personajes públicos. Y Penélope Cruz no es menos que sus compañeras y se luce gracias a la cámara íntima de Crialese. Pero eso no borra la rabia que produce que los comentarios de clase y de identidad de género sean casi inexistentes, planos y hasta clichés, pues se niega a sí misma la posibilidad de profundizar y acomplejarse y lanzar un mensaje unitario y de transversalidad. Pues esa es la mirada que parece, como decíamos al inicio, regir la película; sin embargo, la historia de los explotados interesa en función de los intereses propios, que son más estéticos y autocomplacientes que sociales.

Emanuele Crialese conduce su película a través de la lente de Andrea, pues le otorga la inocencia con la que los preadolescentes miran el mundo. Así, los colores vivos y cálidos hacen de contrapunto a esta historia sobre el reverso oscuro, pero emancipador, del “Italian Way of Life”, suavizándola como si fuese un recuerdo. Quizá por eso Andrea, símbolo no muy sutil del futuro, mire tanto hacia arriba, preguntándose si su futuro y el de su familia se va a mejorar. Y el espectador responde «sí», pues ya conoce la respuesta.

DeAPlaneta

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