Segundo día de Seminci, primero dedicado casi en exclusiva al cine español de la Sección Oficial. En primer lugar, tenemos el regreso a imágenes españolas tras las aventuras estadounidenses de Antonio Méndez Esparza con Que nadie duerma; y, después, el debut en el largometraje de Víctor Iriarte de mano de la eterna Ana Torrent y la premiada en Venecia, Lola Dueñas. La Sección Oficial se completa con otra ópera prima, en este caso, la británica Molly Manning Walker que atiende a la Generación Z como caso de estudio.
Completan el día la proyección de La zona de interés de Jonathan Glazer en la EFA, The Mother of all lies en Tiempo de historia y The quiet migration en Punto de encuentro para clausurar el primer fin de semana de este 68 Seminci.
Que nadie duerma (Antonio Méndez Esparza) – Sección Oficial
Una nueva adaptación del universo de Juan José Millás llega este año a Seminci, tras la inauguración de la 67 edición a cargo de No mires a los ojos de Félix Viscarret. En este caso, la novela es Que nadie duerma y el director, Antonio Mendez Esparza. Con la misma idea fundamental que aquella, el pilar y centro de esta tragicomedia es Malena Alterio, actriz reconocida por sus trabajos en la comedia. Ella da vida a Lucía, una informática que trabaja para una gran empresa de la salud dental hasta que ésta es cerrada por la investigación por corrupción a su jefe y fundador y decide hacerse taxista.
Co-escrita junto a la guionista del momento, Clara Roquet, Que nadie duerma es una suerte de Taxi Driver a la española; o, mejor dicho, a la Millás. Pues la sombra que proyecta el escritor es alargada, hasta el punto que muchos de los atractivos de la película pueden atribuirse a la novela: ese personaje alienado, ese tono que equilibra el absurdo y la comedia negra, ese juego entre la ficción y la realidad… O quizá el mérito sea de la adaptación, fiel al espíritu del novelista valenciano y nada fácil de conseguir. Sea como fuere, la película, narrada con sencillez —a veces, excesiva, por la sobreimportancia de la música en la acción— y sin muchos aspavientos por Méndez Esparza en 16mm (tercera película de lo que llevamos de Festival rodada en este formato; y las que quedan…), se construye para Malena Alterio, que responde con entereza. La actriz de Aquí no hay quien viva, junto a una gran Aitana Sánchez Gijón y el resto del equipo, consiguen levantar una comedia peculiar, que quizá no guste a todo el mundo por su tono extraño, pero que capta a la perfección la idiosincrasia del escritor. A favor de este «Millasverso». Jorge Sánchez.
Sobre todo de noche (Víctor Iriarte) – Sección Oficial
Víctor Iriarte lo deja claro en la rueda de prensa posterior a la película, Sobre todo de Noche no es una ópera prima que se haya hecho pensando en una segunda película. Desde una absoluta libertad formal y sin ningún tipo de miedo, pudor o autocensura, Iriarte plasma un torrente de ideas en una obra que sorprende por lo extraña y solipsista que resulta (en el buen sentido). Iriarte ha puesto toda la carne en el asador, y sin duda ha hecho la película que quería hacer.
Esta noción de Sobre todo de Noche como colección de ideas e impresiones de un director con una larga lista de referencias cinematográficas se traduce en una película río en la que confluyen decenas de ideas visuales maravillosas, fruto de un fetichismo en la imagen propio de un autor. Sobre todo de Noche funciona como rompecabezas, y se experimenta como un viaje catártico: es una película de denuncia social, al tratar los robos de bebés durante la dictadura, incluyendo al comienzo de la misma vídeos de archivo y testimonios ficcionados contados directamente a cámara. También es una película que, aunque viaje largo, se permite detenerse en ciertas situaciones o momentos para hacerlos vibrar y cobrar significado a través de la música, el diseño de arte y la dirección. Pero sobre todo, es una película sobre la maternidad y su significado que experimenta que es muy consciente de la noción y necesidad básica de contar una historia. Carlos Cousillas.
La zona de interés (Jonathan Glazer) – EFA
Adaptando libremente la ya de por sí polémica novela homónima de Martin Amis, el británico Jonathan Glazer, realizador de videoclips reconvertido en cineasta de culto con apenas tres largometrajes en dos décadas, afronta su cuarta película y el Holocausto con el mismo aparente desapego de la que hizo gala en Birth y Under the skin.
La película comienza en negro, con la música sonando. La primera imagen, la familia y algunos amigos tomando el sol y bañándose en el río, es bucólica y paradisíaca —los ecos de Adán y Eva, la creación del mundo y el Pecado original resuenan en este inicio—. Luego, seguimos al comandante Rudolf Hoss y su mujer (¡es el año de Sandra Hüller!) en su día a día junto al campo de concentración del que solo vemos los muros que se alzan sobre el hermoso jardín florado y las chimeneas siempre humeantes que, por la noche, tiñen el cielo de luz rojiza. El genocidio entra siempre de forma irónica: es un hueso en el río mientras pescan, los gritos de alguien mientras los niños juegan o Hoss cerrando una ducha en la piscina mientras el nuevo horno empieza a funcionar. Una ironía que ahonda en el horror y permite a la puesta en escena una frialdad (esas líneas rectas, el poco tratamiento de la luz, esa imagen digital, esa simetría) abrumadora.
Cabe preguntarse por la extensión, por algunos vestigios de la novela, por los atisbos de trama que no fructifican. Cabría incluso compararla con la novela, a ver cuál de las dos es más retorcida. Pero, en realidad, poco importa: el equilibrio que consigue entre crueldad representativa y el humanismo que mueve el proyecto es admirable. La película puede ser difícil de ver, especialmente en esa yuxtaposición entre ese día a día, alegre y cotidiano, y sus consecuencias en el presente.
La mayor perversidad ocurre, quizá, en la mente del espectador. La repetición de planos, la rutina, la ausencia de trama, los silencios, e incluso las pocas rupturas que hace de ese orden (los minutos iniciales y finales en negro, el fotograma rojo, las secuencias «sin positivar», el flashforward final) le obligan a pensar, a dejar de sentir, y con ello sus mentes se alejan de la rutina, de los silencios, de las cortinas de humo y, con ello, quizá banalizar lo narrado. El espectador, así, tendrá que hacer un nuevo esfuerzo, el de reintroducirse en la frialdad de las imágenes y en la negra ironía de la historia para poder comprender la magnitud de la banalidad del mal. Jorge Sánchez.
How to have sex (Molly Manning Walker) – Sección Oficial
La británica Molly Manning Walker firma su ópera prima, en una película acerca de tres adolescentes que se van de vacaciones al terminar el instituto para vivir por primera vez lo que se supone que debe vivirse a esa edad: borracheras, salir de fiesta y perder la virginidad. Lo que comienza como una película festiva y ligera al estilo de Spring Breakers (aunque desde una perspectiva más sencilla y realista), acaba transicionando hacia lugares incómodos donde se reflexiona acerca del consentimiento en las relaciones sexuales y se nos muestra un primer acercamiento horrible al sexo por parte de una de las tres amigas.
How to have sex despide naturalidad, tanto por unas actuaciones muy conseguidas como por un guion que dice mucho con poco. Al comienzo de la historia, experimentamos junto a estas tres chicas el subidón adolescente en un ambiente de amistad femenino, henchido de la ilusión fruto del primer viaje sin sus padres. Conforme avanza la película, comienzan a darse algunas escenas realmente interesantes, como un paseo por la mañana en una calle con los restos de la fiesta de anoche, de forma que luce igual a un paisaje de película postapocalíptica. Entre otras cosas, How to have sex habla de la prisa por perder la virginidad y las expectativas de tres adolescentes respecto al sexo, para luego plantear un conflicto realmente incómodo, en el que una de las tres amigas sufre un acoso que pasa desapercibido, hasta casi por ella misma, reflexionando así la película sobre las verdaderas connotaciones del consentimiento. Carlos Cousillas.
The quiet migration (Malene Choi) – Punto de encuentro
Tras su docuficción de 2018, El Retorno, acerca de dos daneses de origen coreano que regresan a su país natal en busca de su identidad, Malene Choi vuelve a retratar su principal obsesión, representando esta vez en forma de largometraje de ficción, el rasgo vital que le caracteriza como autora. The Quiet Migration es una película que trata acerca del sentimiento de alienación de un coreano que vive en un pueblo de Dinamarca, trabajando en una granja lechera junto a su “familia de acogida”.
The Quiet Migration explora la sensación de desarraigo, de soledad y de distancia respecto a lo cercano. Fruto del choque cultural entre sus orígenes y el país donde vive, el protagonista de la historia parece estar siempre fuera de lugar, en un sitio extraño, o bien siendo él mismo el extraño. Para contarlo, Choi despliega un estilo pausado y sencillo que encierra más profundidad de la que podría parecer en un primer momento. Todos los elementos dramáticos y estéticos que usa para representar esta alienación del protagonista se trabajan desde el realismo y lo sutil: el idioma, las costumbres, los prejuicios… Aún con todo, The Quiet Migration guarda una pequeña parte fantástica, relacionada con un meteorito y un fantasma, que supone un interesante contrapunto para una trama con mucha sensibilidad, donde se dice todo con unas pocas miradas y palabras. Carlos Cousillas.
The mother of all lies (Asmae El Moudir) – Tiempo de historia
Documental autobiográfico/autoficción con el cual la directora marroquí Asmae El Moudir pretende (dar a) entender las represiones que ejerció el rey Hassan II contra las protestas. Más de seiscientos muertos, entre ellos, la tía de la directora, que aún no había nacido. No quedan fotos ni lugares. La abuela, a favor de la dictadura, calla. Por ello, cámara en mano y títeres mediante, la Asmae El Moudir pretende reconstruirlo en juego entre el documental y la ficción, entre el cine y el relato oral, donde mezcla distintas capas: el pasado recreado mediante títeres, la grabación del taller y algunas imágenes documentales pasadas sobre las protestas proyectadas en el mismo taller.
Pero uno no puede evitar acordarse de Albertina Carri y sus Playmobil que ilustraban el secuestro de sus padres durante la dictadura cuando ella era niña en el también documental sobre la memoria/trauma, identidad e imágenes, Los Rubios; y cómo la cineasta argentina manejaba con precisión la subjetividad del documental, las formas de distanciamiento y de disrupción de la transparencia. En The mother of all lies, en última instancia, parece que la directora marroquí está intentando reivindicarse a sí misma y a su labor como cineasta más que reconstruir y explicar un pasado traumático, familiar o colectivo.
Con todo, no deja de ser un documento valioso sobre el pasado de Marruecos, en general, y de la familia de Asmae El Moudir, en particular; una película que se levanta contra un pasado silenciado a través del poder de arte. La imagen capaz de invocar fantasmas, de devolver la memoria al cuerpo. De obrar milagros. Jorge Sánchez.
