Benedetta

Ficha Técnica

Título original: Benedetta

Director: Paul Verhoeven

Duración: 131 min

País: Francia, Holanda

Idioma: Francés

Intérpretes: Virginie Efira,

Charlotte Rampling,

Daphné Patakia, Lambert

Wilson y Olivier Rabourdin

Avalon

Sinopsis: A finales del siglo XV, con una plaga asolando la tierra, Benedetta Carlini se une como novicia al convento de Pescia en la Toscana.Benedetta, que desde muy joven ha tenido la capacidad de realizar milagros, llega a la comunidad y su impacto será inmediato y trascendental.

Crítica

Una idea recurrente en la filmografía de Paul Verhoeven es aquella que dibuja a las clases sociales más bajas como fondo, mientras los conflictos de las clases más altas ocupan la escena. Desde las altas oficinas de Robocop al mundo hiperviolento de Elle, el realizador ha atacado, con mayor o menos éxito, los temas burgueses, ignorando explícitamente al vulgo. Quizá ninguna película enseñe esto con tanta claridad como Benedetta.

Durante la epidemia de la peste negra, en un convento de monjas de Pescia, Benedetta Carlini comenzará a tener visiones sobre Jesucristo, al tiempo que inicia una relación prohibida con una novicia. Estos nuevos milagros desencadenaran una lucha de poder a diferentes escalas: en primer lugar, compitiendo con otras monjas; en segundo, desafiando a la Madre Superiora; y, en último, a las autoridades eclesiásticas. Unos conflictos políticos marcados por la absoluta falta de fe, la preocupación material –y, por tanto, social– y un narcisismo exacerbado. De esta forma, Paul Verhoeven construye una crítica directa a la Iglesia como institución, en tanto una organización con una finalidad muy alejada de su apariencia espiritual, entre lo político y lo socioeconómico.

El director de Desafío Total construye los milagros con ambigüedad, dejando entrever el artificio de los mismos, pero al tiempo que muestra aquello que ve y siente Benedetta. Esa contradicción le sirve a Verhoeven para hablar de la religión como dogma y de la fe como un instrumento de poder falaz. Un dogma basado en el sufrimiento y la negación del placer: la vergüenza del cuerpo y el dolor se erigen como las vías por las que alcanzar a Dios. El cineasta holandés subvierte esta idea, como ha sido habitual en su cine, abrazando la naturalidad de los cuerpos y la sexualidad como armas revolucionarias. Al fin y al cabo, una persona sin vergüenza resulta libre. De esta forma, reutiliza el mensaje que las artistas feministas lanzaron en los años 60 y 70 para introducirlo en un contexto histórico pasado, consolidando sus raíces.

En ese sentido, no descubre la pólvora. De hecho, dispara sin mucha fuerza y dejando blancos intactos, como el debate sobre la imagen que marcó el arte y la representación de ese siglo. Tampoco se trata de las mejores obras del director: el humor negro mordaz característico y la complejidad temática que, aunque presentes, pierden peso respecto a obras anteriores. No obstante, la crítica se iniciaba recordando el papel que juega la clase obrera en las películas de Verhoeven. Hay una dialéctica fácilmente rastreable en los libros de historia: las clases medias usan a las clases bajas como forma de ascender socialmente. Las Revolución francesa, las distintas revueltas decimonónicas, la Revolución Rusa; o, incluso en el ámbito cultural, obras como Roma Ciudad Abierta, o, más reciente, Nomadland, sirven para erigir a sus autores en la élite sociocultural a través de la estética de la pobreza. Esto, en ningún momento, niega la buena voluntad de esa clase media, pero la realidad es que, mientras la sociedad se siga concibiendo como una pirámide coronada en oro, la competición –y, por tanto, esta dialéctica– será una regla inmutable

En Benedetta, se refleja perfectamente esa idea. Mientras los juegos de poder ocurren en el convento, fuera, en las calles, solo hay muerte, pobreza y un sufrimiento alejado de toda espiritualidad. Ese caldo de cultivo se revelará como un catalizador fundamental para el cambio de poder final. No obstante, también estará presente, más sutilmente y en una escala menor, en la jerarquía del propio convento, pues serán todas las hermanas, salvo la Madre Superiora y su hija, quienes acepten el milagro y aúpen la figura de Benedetta Carlini hasta convertirla en una santa. En ningún momento esa dialéctica cambia durante la película, pero se refleja de una forma excepcionalmente esclarecedora, quizá inconscientemente.

Por tanto, se puede concluir que Benedetta, pese a sus imperfecciones, es una obra notable. Si bien no tan afilada como otras películas de Paul Verhoeven, su reflexión sobre el poder y su relación con el sufrimiento y el sexo no solo resulta sorprendente, sino de una gran actualidad.

Avalon

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