Festival de San Sebastián 2022 (I)

Setenta años, que se dice pronto, cumple el Festival de San Sebastián. Sesenta y nueve ediciones que han peleado contra viento y marea, con sus alegrías y sus desilusiones. Este año vuelven las conversaciones sobre cine, las alfombras callejeras y el runrún que sepultan la incertidumbre pandémica. El pistoletazo de salida lo da Alberto Rodríguez con Modelo 77, un thriller carcelario sobre la fuga de la Modelo que tuvo lugar en 1978, y el cierra lo brindan dos veteranísimos, como Neil Jordan y Liam Neeson, que nos reviven a Philip Marlowe para entregarnos una nueva cinta del detective privado. Entre medias, conoceremos a nuevos cineastas y volveremos a los brazos de otros viejos conocidos, dormiremos poco y disfrutaremos mucho. Sin más dilación, la primera tanda de reseñas diarias:

Jeong-Sun (Jeong Ji-hye) – New directors

La historia de Jeong-Sun es un relato sobre la identidad y el cuestionamiento de aquello que nos define: ¿es el nombre, nuestros actos o lo que piensan los demás? Con una importancia especial de la cuestión femenina, acompañamos a la protagonista en un viaje que se cuece lentamente a través de la confianza, la vergüenza y el poder de la opinión de la gente sobre la percepción de una mujer sobre sí misma. Jeong-Sun, de mediana edad trabaja en una fábrica y a pesar de tener una personalidad marcada, segura y decidida, es diligente y fiel, conociendo su lugar en la cadena de trabajo y obedeciendo a su joven e irrespetuoso jefe. Traicionada por un nuevo compañero con el que tiene una aventura, se ve comprometida por un video filtrado cantando en ropa interior. En este viaje, empezamos a percibir a Jeong-Sun como su entorno, perdemos de vista su personalidad, relegada a su problema que la acaba absorbiendo, convertida en una figura cabizbaja que desaparece bajo una bata blanca. Una vida que comienza tranquila y ordenada en planos fijos, a medida que avanza en la narración se transforma en la inestabilidad de la cámara en mano, finalizando en la libertad del acompañamiento musical. La directora novel narra con delicadeza el descenso a los infiernos de la protagonista y su resurgir de las cenizas. En un relato donde la vergüenza adquiere el papel fundamental, Jeong Ji-hye reflexiona sobre su propio nombre (cuyo significado está ligado al trato amable, la preocupación por los demás y la hospitalidad), preguntándose si el perdón y la benevolencia son la respuesta adecuada a la humillación y la falta de respeto. María Valdizán Cuende.

Modelo 77 (Alberto Rodriguez) – Sección Oficial Fuera de Concurso

Leer crítica

La película de inauguración de la presente edición del Festivales un drama carcelario peculiar, con la amnistía y la revolución social como principales planes de fuga, y un thriller político potente, con el relato de la Transición como objetivo de la crítica. Miguel Herrán y Javier Gutiérrez conforman una dupla que funciona mejor por separado que en sus momentos compartidos. Pero las verdaderas estrellas son Alberto Rodríguez y Rafael Cobos, que confeccionan un thriller político que desafía con inteligencia la narrativa imperante en torno a la Transición española.

Con la cárcel como símbolo de un país, el cineasta sevillano cuestiona nuestro presente, en tanto heredero del pasado como comienzo del futuro. Así, una perspectiva de clase omnipresente es aplicada con maña y empatía, distribuyéndose por todos los huecos de la cinta. No sorprende que Alberto Rodríguez haya levantado uno de los thrillers más potentes del año, si bien no llega al estado de gracia de La isla mínima (2015) y la imagen granulada, puerta al recuerdo, parece haberse convertido en un tic muy abundante en el cine de autor.  Jorge Sánchez.

Mi país imaginario (Patricio Guzmán) – Horizontes Latinos

Patricio Guzmán ama a su país, Chile, y durante años lo ha demostrado realizando documentales políticos contra la dictadura de Pinochet, mientras ésta seguía vigente y después, convirtiéndose en el principal valedor de la memoria histórica cinematográfica de su país. Lo ha abordado desde tantos puntos de vista y en tantas obras que, con cada nueva película, parecía imposible que una cinta suya volviese a chocar con tanta fuerza como las primeras. Pero lo consigue, una y otra vez. Y ésta vez, con Mi país imaginario, film que inaugura la sección Horizontes Latinos y cuya presentación estuvo a cargo de la productora Alexandra Galvis y el embajador de Chile en España, Javier Velasco,  vuelve a lograrlo.

En esta ocasión, el realizador se hace a un lado y usa su condición de cineasta de renombre internacional para dar voz a los protagonista de las revueltas sociales, cuya fecha de inicio es octubre de 2019, que llevaron a la Asamblea Constituyente en el país sudamericano, eliminando la constitución del dictador. Por delante de las cámaras pasan madres que luchan por sus hijos, nietas que luchan por sus abuelas, indígeneas que luchan por sus palabras, fotógrafas que han perdido la visión por una bala de goma, ajedrecistas, politólogas, cantantes… El documental hace especial hincapié en el papel protagónico que han tenido las mujeres en esta transformación social; al fin y al cabo, como se dice en la cinta, la revolución es feminista y queer o no es revolución.

El realizador escucha y pregunta, curioso, atónito y orgulloso de la juventud de su país; del mismo modo, mezcla imágenes propias con otras de archivo o filmadas por otras personas y con fotografías fijas, estableciendo un collage colectivo donde la forma importa poco, pues el entusiasmo político es tal que sería contradictorio que lo formal sobresaliese. Un entusiasmo contagioso, claramente sesgado, pero necesario, que insufla confianza y esperanza que, en estos tiempos de cinismo plomizo, se sienten como un soplo de aire fresco. Jorge Sánchez.

Girasoles Silvestes (Jaime Rosales) – Sección Oficial

Tres hombres, tres historias; una sola mujer. Una mujer a la que da vida una poderosa Anna Castillo, verdadero pilar de esta cinta, navegando con naturalidad entre de las sutiles miradas de indignación hasta el monólogo lleno de rabia y ansiedad.

Jaime Rosales, quién, aún con sus dejes y modismos (una estructura atípica, sus movimientos de cámara laterales), se muestra más directo que de costumbre y construye una historia sobre los cuidados, la maternidad y la búsqueda de la felicidad, y cómo las tres se entrelazan. Julia es una mujer que cede ante sus parejas, mudándose ella donde a los pisos donde viven ellos, ocupándose, encargándose de la crianza de sus hijos y dejando de lado su futuro laboral y, con ello, la independencia económica. Esas tres historias comparten estructura en dos partes que representan ese choque entre fantasía y realidad. Una idea que parece haberse contagiado al proyecto, que ha tenido muy mala suerte: parado o en postproducción durante bastante tiempo se ha terminado estrenando un año que ha sido especialmente fructífero en cuanto a relatos, cuyo epicentro son los cuidados y la maternidad. Sabe distinguirse de ellos, tanto en su forma como en su aproximación a los temas (quizá, de forma demasiado ingenua). No hay dudas de que se trata la aproximación de Jaime Rosales a esta historia. A su favor hay que decir, que no cae en la liga de cintas de carácter feministas realizadas por hombres y sí da una importancia fundamental al papel femenino, fin último de la cinta. Julia es la puerta de entrada del espectador a la historia, produciéndose un proceso de identificación entre ambos a través de planos subjetivos estratégicamente colocados en los momentos clave de cada historia. O no tanto como Men o El último duelo, mejor dicho, pues sí dedica espacio temático a los distintos tipos de masculinidad tóxica, restando espacio al desarrollo de su protagonista, pese a ese papel pivotal.

Girasoles Silvestres es una película imperfecta, que seguramente se quede a medio camino de muchas cosas; sin embargo, se encuentra en un lugar muy particular, quizá no el deseado, quizá uno personal. Desde luego la nueva cinta de Jaime Rosales tiene muchas cosas que admirar y, con ello, razones para verla. Jorge Sánchez.

Broker (Hirokazu Koreeda) – Perlak

El núcleo familiar como centro de la sociedad siempre ha sido el hilo conductor de la filmografía de Koreeda. Como en Un asunto de familia (2018), retoma la cuestión del delito y la ilegalidad como nexo de unidad familiar en oposición a la familia tradicional definida por los lazos de sangre, aunque también haciendo referencia al interés monetario. En esta ocasión, el director japonés recurre a las baby boxes como inicio para investigar los cimientos de la familia y las diferentes posturas y motivaciones ante tres cuestiones derivadas de la maternidad: la adopción, el abandono y el aborto.

Una mujer que abandona a su hijo para asegurarle un futuro. Unos traficantes de bebés con corazón. Un niño de ocho años, ya demasiado mayor para ser adoptado. Sus caminos se encuentran dando paso a una road movie en busca del mejor postor para adoptar el bebé donde, a pesar de la crudeza de la situación, Koreeda coloca ingenuidad y ternura. Transitando sus lugares comunes, el director nipón continua matizando su reflexión en torno a la naturaleza y la constitución de la familia. María Valdizán Cuende.

En los márgenes (Juan Diego Botto) – Perlak

Existen una tendencia, quizá más visibilizada hoy en día gracias al feminismo y el MeToo, a que el sistema culpabilice a las víctimas de su opresión, haciéndolas sentir vergüenza y soledad por el hecho de ser víctimas. En el caso del patriarcado, la respuesta es obvia; sin embargo, cuando hablamos del sistema socioeconómico la cosa se complica. Y aquí entra Juan Diego Botto.

El actor hispano-argentino dio el salto a la escritura y la dirección de un largometraje con En los márgenes, estrenada en el pasado Festival de Venecia en la sección Orizzonti y que en San Sebastián figura en la sección Perlas, con una historia sobre los desahucios. Más bien, se trata de tres historias interconectadas que toman lugar a lo largo de 24 horas, convirtiendo el drama realista social en un thriller; o viceversa. En primer lugar, una gran Pénelope Cruz, con ella empieza y acaba la cinta (magnífico último plano), interpreta madre (prácticamente) soltera a la que van a desahuciar. Segundo, un totémico Luis Tosar, centro absoluto de la película, da vida a un abogado que se desvive por ayudar a aquellos que lo necesitan, pero que falla continuamente a su familia (prueba de ello es su hijastro, que le acompañará durante todo el metraje al no llevarle a tiempo a la salida de un excursión escolares y que servirá de representante simbólico de cualquier espectador apolítico); y por último, una madre anciana intenta contactar con su hijo, que lo perdió todo con la crisis económica.

Juan Diego Botto analiza como nadie hasta ahora los sentimientos de culpa, de soledad y de vergüenza con los que conviven las víctimas de la salvaje mezcla entre la especulación económica, la miseria humana y las fantasiosas narrativas sobre la meritocracia, el esfuerzo y el destino; en definitiva, las víctimas del capitalismo. Y esa mirada desmiente y pone en evidencia a nuestra cultura actual, heredera de la tradición judeocristiana. La pena es que, en no pocas ocasiones, también navegue por esos mares.

En los márgenes es una película obvia, panfletaria y de izquierdas. Y con orgullo. Formalmente tiene muchos tics del cine festivalero y algunos aciertos, pero eso poco importa, pues su mensaje se eleva por encima de cualquier estética. Jorge Sánchez.

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