Dobles sesiones dobles #3 – julio 2024

Se podría afirmar que, desde y con el permiso de la multitudinaria Gru 4 y hasta que Deadpool y Lobezno han llegado a inundar las salas con sangre y humor macarra y Santiago Segura volvió con la cuarta entrega de la cuarta saga de comedias familiares, el mes de julio ha estado gobernado por cineastas de sangre templada: Agnes Varda, con su Universo Varda en distintas ciudades del país reponiendo algunas de sus cintas menos conocidas; Hong Sang-soo ha estrenado dos películas; Mike Nichols en su reflexión sobre el ruidoso mundo de las bandas de moteros; y el reestreno de El Castillo Ambulante a ritmo de vals y de la restauración de la Trilogía de los Colores de Kieslówski en salas. Incluso el terror, de los tres títulos estrenados este mes, ha permitido que uno tuviese esa mirada sosegada en la ópera prima del canadiense Crish Nash. Agosto ya será otro cantar.

En cuanto a series, series estrenadas el mes pasado siguen copando el debate: La Casa del Dragón, The Acolyte o The Boys. También hay series que clausuran su recorrido en esa rara avis actual que son series con más de 5 temporadas, como El Joven Sheldon (7), Cobra Kai (6) o Élite (8). No obstante, estrenos menos sonados, pero no por ellos menos interesantes, son Las Pelotaris, Hasta que te mate o Boiling Point, remake y continuación en formato serial de la película homónima, aunque solo sea para ir abriendo el apetito de cara al estreno de la tercera temporada de The Bear. En resumen, un mes bastante contenido en cuanto a series tras la retraca que supuso el fin del curso en meses anteriores.


In water (Mul-an-e-seo, Hong Sangsoo, 2023) – En cartelera

¿Cómo recomendar una película que durante la mayor parte del metraje está desenfocada? Es más, ¿cómo recomendar esta película sin acudir al impresionismo o, con mayor rigor, a la deconstrucción de las formas postimpresionista de Paul Cézanne? Porque es fácil apoyarse, hoy, en Van Gogh, Monet, Seurat o Renoir para establecer paralelismos legitimadores.

Quizá, para recomendar una película desenfocada, haya que, por un momento, olvidarse de que está desenfocada y centrarse en su protagonista principal: un director de cine con dudas sobre cómo rodar para que la ficción haga justicia a la realidad, sobre el registro de lo real. La mirada, entonces, es el punto central de la obra y la falta de foco surge por inercia propia como una materialización del interior del protagonista. Reivindicación del cine amateur, del paradigma romántico y, por el contrario, de la duda y la contradicción humanistas, el cineasta coreano firma una de las obras más ensayísticas de su carrera —junto su anterior estreno, La novelista y su película, donde rueda un manifiesto estético ficcionado— para cuestionarse problemas estéticos de la mirada. Y propone una deconstrucción de la misma, un vaciado donde las formas se ven reducidas a sus esencias básicas (geometrías, color, movimiento), una puesta en duda de cualquier presupuesto estético. Como el foco.

Y, por si fuera poco, esta cinta de apenas 60 minutos seguramente sea una de las obras más supercifialmente bellas del último Sangsoo. Y del año.

Sesión doble: Fraude (F. for Fake, Orson Welles, 1973) En el extremo opuesto de la estética de Sangsoo, aunque con puntos colindantes, se encuentra una de las grandes obras totémicas de la Historia del Cine: la última película terminada de Orson Welles. Y la mejor. Partiendo de un documental a medias de rodar sobre un falsificador de cuadros, Welles elabora un complejo truco de magia, donde la ficción y la realidad se revuelven a voluntad de su creador. Un montaje frenético y calculado y el propio Welles como conductor de ceremonias hacen que el espectador se mantenga, a la vez, alertado del truco y arrollado por las imágenes. Un cuestionamiento de las supuestas imágenes documentales, representantes de los defensores del registro de lo real, y una celebración del artificio, de la mentira, de la ficción y de la magia. Aquel que abrió en canal el paradigma clásico para dejar entrever la modernidad con su opera prima, cierra el círculo con una película que abre en canal la modernidad para dejar entrever la posmodernidad y un cine y unas formas que no volverían a verse hasta veinte, treinta, cuarenta, cincuenta o sesenta años después.

Welles parece revolverse contra las preocupaciones de Bazin y de la Escuela de Frankfurt sobre el cine (el primero apostaba por el cine como arma de registro, mientras que, a grandes rasgos, la segunda se cuestionó la validez del cine en tanto arma de manipulación de las masas), consecuencia directa de lo experimentado las décadas anteriores con el auge de los fascismos y el papel del cine y la radio en los mismos, y apostar por un cine esencialmente mentiroso, donde los autores se diluyen y cualquier aura artística se revela impostada por una sociedad necesitada de ídolos y trascendencias, ajena a la obra. Sangsoo, en cambio, lo hace contra la cultura de consumo de masas contemporánea y surge como máximo exponente de su reacción romántica —heredera y partícipe de la misma cultura consumista en un mercado diferenciado— que es la devoción obsesiva por «lo auténtico» (o, si prefieren sus sinónimos: «lo honesto», «lo verosímil», «lo genuino», «lo original», «lo personal» o, el más pesado de todos, «lo real»).

Sendas películas, por separado, son grandes ensayos sobre la imagen y el cine, pero, juntas, logran no solo que el espectador recorra todo el espectro de las posibilidades estéticas intermedias entre sendos polos, sino que este pueda rastrear los vaivenes culturales e intelectuales que obsesionan a las distintas épocas desde el siglo XVIII. Jorge Sánchez.

Atalante Cinema

El bus de la vida (El bus de la vida, Ibon Cormenzana, 2023) – En cartelera  

El cine de Ibon Cormenzana como director tiene una clara vocación humanista, todos sus protagonistas surgen desde los sentimientos, ya sea el drama, la comedia o la tragedia. La Culpa, La Cima, Alegría Tristeza y ahora El Bus de la Vida provienen de temas difíciles desde donde sus protagonistas se enfrentan a sus propios desafíos y esperanzas. Porque El bus de la vida nos propone, además, de un viaje físico, un viaje emocional donde el personaje principal, conoce en ese reducido espacio, a compañeros de enfermedad y de vivencias, todo aquel que haya pasado una enfermedad reconoce esa solidaridad del compañero de dolencia. El cáncer (en este caso) no sabe de edad, clase social o lugar de nacimiento pero sí de solidaridad de la persona que padece el mismo mal.

Cormenzana vuelve a apoyarse en un soberbio elenco de actores donde, sinceramente, destacaría a todos: un reflexivo Dani Rovira, una vitalista Susana Abaitua, una abertzale Elena Irureta, un entrañable amargón como Antonio Durán y esa gran vitalidad y naturalidad de Pablo Scapigliati. Desde ese lugar, Andrés logra esa fuerza interior para luchar contra el destino interior que marca la enfermedad dentro de su propio cuerpo.

Realmente es difícil tratar el cáncer desde la comedia, pero el productor de Robot Dreams, se mueve en es fino hilo donde, en colaboración al guionista de Una casa en llamas, Eduard Sola, nunca se caerá en un exceso de dramatismo sentimental, abordando siempre las escenas desde una conseguidísima puesta en escena donde el autobús toma ese protagonismo espiritual que buscan en él sus personajes, paseando por esos maravillosos paisajes vascos.

Sesión doble: El Bus (El Bus, Sandra Reina, 2023). Dirigida por Sandra Reina, ganadora del Gaudi a mejor cortometraje y nominada al mejor corto documental en los Goya, El Bus es una conmovedora película que explora la vida de un grupo diverso de pasajeros del que en un principio desconocemos su origen, en un viaje en autobús que se convierte en una travesía emocional. Sandra Reina nos llevará hacia ese microcosmos que se crea en un viaje en autobús cuando hay un punto en común en todos sus pasajeros, la cárcel.

Un viaje de ida y vuelta, de la libertad a la prisión, de las esperanzas a las crudas realidades, de la alegría a la nostalgia, un viaje de fin de semana en una ruta donde las baldosas amarillas se convertirán en una autopista hacia el infierno. La vida de sus personajes van pasando a través de la verbalización de sus luchas, de sus sueños, con escenas tremendamente emotivas con una narración fluida y con unos diálogos que en muchos momentos dan una profundidad a la historia no esperada.  «El Bus» es una película que reflexiona sobre la importancia de las conexiones humanas y la capacidad de encontrar esperanza en los lugares más inesperados. Carlos Garries.

A Contracorriente Films

De naturaleza violenta (In a Violent Nature, Chris Nash, 2023) – En cartelera

La opera prima de Chris Nash propone un slasher con el asesino como protagonista; o, mejor dicho, propone un recorrido por los tiempos intermedios. En un bosque, un grupo de adolescentes visitan una ruinas abandonadas y toman un collar, despertando a un implacable monstruo.

Entre asesinato y asesinato, el bosque. Somos testigos, por primera vez, de las largas caminatas, del silencio —el folley se transforma en banda sonora—, de los momentos muertos. La verdadera apuesta del canadiense, y su gran logro, se encuentra en la hibridación del slasher y el slow cinema. Nash subierte unos elementos de género archiconocidos y reiterados (el asesino de la máscara con un arma característica, la estructura de asesinatos individuales, los adolescentes en un lugar aislado, bromas y leyenda tenebrosa enfrentadas en la hoguera, el gore y la final girl), desnudándolos al máximo hasta alcanzar la asbtracción metacinematográfica y cruzándolos con elementos del cine de Gus Van Sant (Elephant, Last Days), de Chantal Akerman (reina de los tiempos muertos), de los Hermanos Dardenne (reyes del «cine de cogotes» y de la implacabilidad cinematográfica) o incluso con la metafísica de A Ghost Story de David Lowery. Lo cuál permite que los salvajes asesinatos —Nash no se corta ni un pelo— se sientan como una suerte de liberación, pese a lo irónico y lo gore de los mismos; justo lo contrario que sucede con el punto de vista, mantenido férreamente por el asesino durante toda la película, salvo dos momentos clave en los que el terror cala más hondo y con más fuerza.

El resultado es una rara avis porque busca los lugares incómodos de dos arquetipos de espectadores que rara vez se encuentran: los fans del terror, acostumbrados a disfrutar de la reiteración de los códigos de un género que rara vez entra en el terreno de lo contemplativo, y el mercado del «cine de autor» o de festivales, que históricamente ha mirado al terror como un género menor y de explotación, cuando no adolescente y banal.

Sesión doble: Angst (La angustia del miedo, Gerald Karl,1983). Basada en unos hechos reales de actualidad en la época, un hombre sale de una institución psiquiátrica donde estaba internado y termina asesinando a una familia. Angst comparte con De naturaleza violenta el punto de vista del «villano» y su carácter de dispositivo formal: el director y el director de fotografía inventaron una snorricam especial para ayudar a transmitir la sensación de ansiedad y paranoia en una película concebida principalmente como un ejercicio de estilo. Y es en esa calidad en la que directores como Gaspar Noé o Yorgos Lanthimos la han reivindicado, pues la obra pronto se forjó la etiqueta de «película maldita». María Valdizán Cuende.

Selecta Visión

Bikeriders: La Ley del Asfalto (The Bikeriders, Jeff Nichols, 2024) – En cartelera

De Salvaje (1953) a Easy rider. Buscando mi destino (1969), los clubes de moteros forajidos estadounidenses se han convertido en uno de los grandes hitos del cine y la cultura visual de ese país. Fue precisamente el fuerte impacto que dejaron las fotografías de Danny Lyon, que documentaban la vida del Vandals Motorcycle Club y se publicaron en un libro con el mismo nombre que la película, lo que inspiró a Jeff Nichols para adentrarse en este imaginario ampliamente explorado por la cultura pop. La obra del director, sin embargo, no los idealiza ni se limita a utilizar el material de base para explorar una estética nostálgica. Apropiándose de las intenciones documentales de Lyon, Jeff Nichols propone un ejercicio dramático que manipula conscientemente la opacidad y la transparencia del lenguaje cinematográfico. El trío protagonista formado por Jodie Comer, Austin Butler y Tom Hardy entra en el juego de la composición de personajes en disposición de llegar a las últimas consecuencias. Utilizando todo el arsenal de recursos que el cine de Hollywood está acostumbrado a emplear a diario en sus producciones biográficas —voces y acentos bien demarcados, caracterizaciones detalladas e históricamente precisas—, el reparto consigue imprimir cierta artificialidad que no ahoga la naturalidad de las emociones que expresan a través de sus personajes. Y es precisamente el hilo emocional que construyen lo que sostiene la película, incluso cuando parece casi derrumbarse bajo la escayola de la estructura dramática propuesta por Nicholls.

Sesión doble: Garra de hierro (The Iron Claw, Sean Durkin, 2023). También presentándose bajo la máscara del biopic, la película cuenta la historia de los hermanos Von Erichs, un auténtico clan de luchadores profesionales entrenados durante años por su propio padre bajo la responsabilidad de convertir a uno de los miembros de la familia en el mayor nombre de la lucha libre mundial. Más allá de este primer nivel, la película es un precioso y complejo estudio de la ruina del sueño americano y de los modelos de masculinidad. A pesar de estar temáticamente muy próximas, las películas de esta doble sesión llegan al mismo propósito por caminos diferentes. En contraste con el enfoque sobrio y analítico de Nichols, Durkin se sumerge en el melodrama familiar y golpea al espectador con un knock out emocional. La búsqueda de la gloria se convierte en tragedia, cuajada por las brillantes interpretaciones de Zac Efron, Maura Tierney, Harris Dickinson y Jeremy Allen White, cuando el destino manifiesto de los hermanos resulta ser una maldición. Rafael Bürger.

Universal Spain

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