Y cerramos este repaso al 2024 con los estrenos internacionales. Como siempre, atendemos al estreno en España, ya sea en salas o directamente en plataformas. Por eso, rescatamos obras estrenadas en festivales y en otros mercados durante el año pasado. Y no es algo baladí en un año donde una marcada ausencia de grandes blockbusters —solo Wicked, Gladiator II, Deadpool vs Wolverine y, sobre todo, Del Revés 2 y Dune II parecen liderar la temporada en ese aspecto— ha permitido que la conversación estuviese, en gran medida, dominada por títulos ensalzados en los distintos festivales, tanto de este año como del anterior. Ha sido el año de La Sustancia y Anora (desde Cannes), de Pobres Criaturas (desde Venecia) de Sangre en los labios (desde Sundance) o Civil War (desde South by Southwest). Y el 2025 puede ser el año de The Brutalist o de Aún estoy aquí.
Decir que el 2024 ha sido un año de cambios o de transformaciones internas en la imagen o en la industria sería faltar a la verdad; decir lo contrario, que el cine sigue agonizando, que nunca ha estado más cerca de su muerte, también. El cine sigue siendo y, como demuestra The Beast, pese a las apariencias, sigue estando lleno de vida. Es cierto que títulos como La quimera, MaXXXine, Bitelchús Bitelchús, Siempre nos quedará mañana, Perfect Days, Nosferatu, Sangre en los labios o Los que se quedan se erigen de forma nostálgica a partir de formas del pasado, que podría atestiguar cierta petrificación de la imagen; sin embargo, cualquiera en cualquiera de esos títulos se encuentran desvíos y fugas que contradicen esa supuesta decadencia. Y eso sin hablar de títulos como Furiosa, In Water, Rivales, Secretos de un escándalo —¡qué maravilla de traducción del título!— No esperes demasiado del fin del mundo, La zona de interés, Oh Canada, Música, Priscilla, El brillo de la televisión, Joker: Folie à Deux o la propia The Beast. Obras que estiran la imagen (digital), cada uno en una dirección, que demuestran que el cine sigue dando que hablar y no siempre tiene que ser de nicho.
Lejos de los grandes discursos que hablan más de la ideología de uno que de la realidad, el 2024 ha sido un año como cualquier otro. Con muescas aún de la huelga de actores internacionales —los estrenos sin pasar por festivales de Rivales y Dune II—, con los festivales internacionales radicalizando su postura de baluartes del mercado —gracias NEON— y la ya habitual incertidumbre del campo de batalla que libran salas, plataformas, largometrajes y series, eso sí, pero como cualquier otro. Con sus victorias y derrotas. ¡Pero qué victorias! Y este artículo es para celebrarlas, para emocionarnos con los nuevos rostros emergentes —el 2024 ha sido un año muy de actores— (Cailee Spaeny, que ha estrenado Priscilla, Alien:Romulus y Civil War, Coralie Fargeat o ) y con antiguos amigos (Clint Eastwood, Demi Moore, George Miller, Paul Giamatti, Francis Ford Coppola o Angela Schanelec) y para evitar el prestigio del cinismo y alegrarnos un año más.
Menciones honoríficas: Bitelchús Bitelchús, Blackberry, Blue Giant, De naturaleza violenta, Dream Scenario, Descansa en paz, Dune II, El cielo rojo, El clan de Hierro, El mal no existe, El último verano, Emilia Pérez, Here, Hit Man, How to have sex, In water, Joker: Folie à Deux, La cocina, La primera profecía, La quimera, Las Cuatro Hijas, Música, Mal Vivir/Vivir Mal, Megalópolis, No esperes demasiado del fin del mundo, Oh Canada, Rivales, Perfect Days, Priscilla, Sangre en los labios, Sex, Siempre nos quedará mañana, Strange Darling, The Sweet East.
10. MaXXXine (Ti West)
El cierre de la trilogía sobre la imagen, el cuerpo y el sexo que Mia Goth y Ti West han perpetrado no solo es una de las películas de género del año, sino que se trata de una de las pocas películas que, con sus imágenes, es capaz de elaborar un discurso historiográfico serio y riguroso. Una trama heredera del giallo sobre una actriz porno que quiere hacerse actriz de Hollywood permite a West hacer una revisión sobre toda una época bisagra donde los fantasmas de Hitchcock y el cine clásico se encuentra con las incertidumbres del vídeo, los nuevos cines europeos y el auge de los «géneros menores». Expandiendo hasta el infinito los temas e imágenes propuestas en las dos entregas anteriores, MaXXXine es la más honda y sugerente de las tres, pues es en la que West, por fin, tras mojarse brevemente los pies en las otras dos, se zambulle en el asunto y se atreve a escribir un tratado de Historia del Cine de terror, una anti-teología de la imagen.
9. Jurado N° 2 (Clint Eastwood)
El nonagenario Clint Eastwood se despide del cine con una obra mayor en su filmografía. Un hombre a punto de ser padre es llamado como jurado en un juicio por el homicidio de una mujer a cargo de su pareja; sin embargo, se tendrá que enfrentarse a una gran duda moral cuando recuerde un incidente que ocurrió años atrás, en la noche lluviosa de la muerte, cuando se enfrentaba a problemas con el alcohol.
La siempre-comentada clasicidad de su puesta en escena pone en el centro la duda del protagonista —las comparaciones con 12 hombres sin piedad van más allá de su adscripción al «cine de jurados»—, es decir, cada plano y cada corte están destinados a Nicholas Hoult, a su rostro y su mirada y, sobre todo, a su normalidad, a cómo representa al ciudadano medio en la mejor tradición del cine clásico; a eso hay que sumar una estructura a partir de unos flashbacks que, más que iluminar lo ocurrido, emborronan el recuerdo, desmintiendo por el camino el clasicismo de Clint Eastwood.
8. Anora (Sean Baker)
La flamante última Palma de Oro es una revisión de la screwball comedy clásica bajo la mirada y los temas propios de su director: el ojito derecho de la cinefilia actual, Sean Baker. Una bailarina erótica parece vivir su propio cuento de la Cenicienta cuando conoce a un joven ruso que le promete una vida de ensueño. Los temas habituales de Baker, que nunca ha estado tan divertido y elaborado en sus guiones, se refinan —el cuerpo y su compraventa, los imaginarios capitalistas y la desolación que dejan— y se filtran hasta llegar a la última escena, donde todo cobra su razón de ser. El final es la otra cara de la moneda de lo mostrado en Red Rocket: el choque contra la realidad tras el fracaso de la fantasía. Y estremece.
7. Pobres criaturas (Yorgos Lanthimos)
La primera de las dos películas de Yorgos Lanthimos estrenadas este año —sorprende, por cierto, la poca atención recibida por Kinds of Kindness en comparación con Pobres Criaturas— es una controvertida revisión del mito de Frankenstein bajo una estética steampunk. El cineasta griego sigue en su inmersión en el cine mainstream anglosajón a base de grandes angulares, extravagancia interpretativa y llamativos sets y decorados; y, desde luego, como ocurrirá unos meses después con el éxito de La sustancia, hay algo extraño, pero refrescante, en el hecho de que películas como estas formen puntas de lanza del mainstream hasta el punto de ganador el León de Oro de Venecia y recibir incontables premios y nominaciones durante la temporada; sin olvidar su persistencia en la conversación pública. Son sus actores, en particular Emma Stone, y un cuidado trabajo en la construcción (maquillaje, producción, vestuario, efectos especiales y visuales) de este delirio fantástico de voluntad satírica los auténticos pilares de una película que sigue siendo una improbabilidad en sí misma. Leer Crítica completa.
6. La Sustancia (Coralie Fargeat)
Mucho se ha hablado sobre la sutileza de La Sustancia, el gran evento del año, si atendemos al impacto entre el público y crítica, en su discurso sobre el cuerpo femenino y la belleza; en cambio, poco se ha hablado del subtexto de la cinta: Coralie Fargeat ha matado cierta forma masculina de mirar; y lo ha hecho desde el amor a las películas de explotación, a los videoclips y demás productos culturales que fomentaron esa mirada. Ha sido un asesinato festivo, entre risas grotescas y sangre artificial, excesivo y aberrante —un Dolor y dinero feminista—, pero un asesinato al final y al cabo. El dedo en el ojo del espectador, como si de una divertida doble de Michael Haneke se tratase. Se pueden argumentar varias cosas en su contra, desde luego, pero es innegable que se trata de una de las comedias del año. Que, además, sea tan fervientemente de género solo nos da motivos para alegrarnos de su éxito.
5. Secretos de un escándalo (Todd Haynes)
Todd Haynes seguramente sea, sin parecerlo, uno de los cineastas más intelectuales del momento. Y no lo parece, entre otras cosas, porque no es frío como tiende a suceder, sino que su pasión por el melodrama termina por resurgir. Secretos de un escándalo —magnífica traducción al español— es una ácida crítica a las profesiones creativas que se aprovechan de las realidades de ciertos individuos; en este caso, una pareja que veinte años atrás protagonizó un escándalo nacional, pues él apenas tenía 13 años y ella 36. Los trabajos de Julianne Moore y, sobre todo, Natalie Portman son excepcionales, pero la labor que hacen Haynes y sus guionistas para crear una historia tonalmente difícil y de moral compleja que confronte, no sin cierta perversidad, las ideas del espectador es sencillamente espectacular. Y, sin embargo, todo en esta película resulta orgánico y natural. Una nueva gran obra de un cineasta que no deja de fabricarlas. Leer Crítica completa.
4. Los que se quedan (Alexander Payne)
Y de un extremo pasamos al otro, del triunfo de la posmodernidad intelectual a uno de los últimos reductos del cine clásico. Alexander Payne regresa junto a Paul Giamatti para dar vida a un libreto de David Hemingson sobre un profesor de instituto privado y el grupo de alumnos que se quedan internados durante las vacaciones de Navidad. Bajo una apariencia de sencillez, Payne y su equipo elabora un clásico navideño instantáneo —con emoción y muchísimo humor— con una madurez inusitada, trasladando el rigor de su puesta en escena al tono, a la estructura y a los personajes; o viceversa. La magia del oficio del cine en cada uno de los centímetros de cada fotograma. Eso sí, y por si no fuera poco, tiene el mejor tráiler del año.
3. Furiosa: de la saga Mad Max (George Miller)
Quinta entrega de la saga Mad Max, Furiosa tenía la dificultad de enfrentarse a las altas de expectativas generadas por una de las películas de la década anterior de la que es precuela directa, Mad Max: Furia en la carretera. George Miller, uno de los cineastas en activo más infravalorados, conduce en dirección opuesta a lo planteado en la cuarta cinta de la franquicia: ya no estamos en un tratado sobre cómo rodar velocidad o sobre cómo construir un mundo heredero del cine mudo sobre la marcha, tampoco se trata de transmitir sensación de realidad.
Furiosa es el relato de un mito. Es una historia en su estado más elemental y, como tal, se sujeta a sus normas —que previamente teorizó en Tres mil años esperándote—. Ahora, la velocidad importa poco, pues estamos en una persecución de largo alcance, y Miller invoca una de las películas más plásticas e inventivas de los últimos años: desde fundidos, sobreimpresiones, timelapse, color, un formidable montaje interno (¡por fin se rompió la tiranía de la composición centrada de Fury Road!) y con hasta alguna secuencia heredera de Abel Gance—. Si aquella hablaba del feminismo de cuarta ola, esta denuncia los viejos (Immortam Joe) y los nuevos fascismos (Dementus) y el papel del amor en la lucha por destruirlos. Leer Crítica completa.
2. The Beast (Bertrand Bonello)
Feliz coincidencia en este curso (y en la 68 Seminci), pues se han estrenado dos adaptaciones de La bestia en la jungla de Henry James. La primera, más literal, de Patrick Chiha funde el universo literario del escritor británico con una cierta influencia del Alan Resnais de El año pasado en Marienbad; la segunda, más ambiciosa, corre a cargo de Bertrand Bonello y triplica el relato para abordarlo en tres tiempos: 1914, 2014 y 2044. Una pareja que se quiere amar se reencuentran, una y otra vez, a lo largo de la historia.
Película formalmente dedicada a sus intérpretes —Léa Seydoux y George McKay nunca han estado mejor— , pues ellos conforman el centro de terremoto que Bonello pretende desarollar: la emoción vs. la inexpresividad. Quizá el mejor ejemplo es la escena en que Seydoux imita la falta de vida de las muñecas (de las modelos, de la IA): la actriz demuestra que el más mínimo gesto esconde un gran torrente de emoción. A eso hay que sumarle los choques de formatos, escenarios y personajes en contraposición con lo reiterativo de la historia —condensado magníficamente en el prólogo— para reclamar la universalidad de corazón del conflicto y potenciar las expresividades. Para mirar al presente, al pasado y al futuro con mucho optimismo y otras ópticas.
1. La zona de interés (Jonathan Glazer)
Nuestra gran ganadora del 2024 es una película que se estrenó en Cannes en 2023. Ganadora polémica en los Oscars —el discurso sobre la deshumanización del pueblo palestino de Jonathan Glazer fue recibido, acentuando la ironía de la cinta, como un ataque por la comunidad judío-sionista de Hollywood—, la adapatación libre del libro homónimo de Martin Amis es un dispositivo formal más cercano al videoarte o al cine para museos donde el aburrimiento, la contemplación, la identificación del espectador y la ironía juegan un papel narrativo activo.
La vida del General Rudolff Höss y su familia junto a un campo de exterminio. Poco importa cuál. Las rosas, los abrigos, los domingos de picnic junto al río. Las formas de cierta telerrealidad —cámaras ocultas, planificación inmóvil— le sirven para establecer conexiones con el presente. La vida cotidiana, con el la muerte del Otro como un mero telón de fondo, como la gran forma de deshumanización que conduce a la opresión, ya sea explícitamente fascista, capitalista o clasista. No es una película sobre el fuera de campo; es una película que se atreve a poner la lente en la llaga, donde más duele, en nuestra posición privilegiada y en lo que cuesta. En qué lado de la Historia estamos. Y no, no es el que pensamos. Leer Crítica completa.

La Bestia es de lo más ambicioso que he visto en años recientes. Una apuesta muy interesante
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