Junio ha sido un mes tardío, con muchas de sus apuestas concentrándose en la dos últimas semanas. Así, la nueva película del director de moda Yorgos Lanthimos con la actriz de moda Emma Stone y el actor de moda Jesse Plemons (ganador del premio a la Mejor Interpretación Masculina en Cannes), Kinds of Kindness llegará a las salas españolas este mismo día, el viernes 28. Hoy se estrenará también el regreso de Kevin Costner a la dirección en la primera parte de una trilogía western, Horizon: An American Saga – Capítulo 1. Una semana antes llegaba la apuesta de . No obstante, como decía Krahe, no todo va a ser follar, y en ese mes de junio se han estrenado, al menos, dos películas, una limítrofe y otra desde el centro mismo del cine de autor, que han jugado con los límites políticos del lenguaje: Eureka de Lisando Alonso y El Cielo Rojo de Christian Petzold. Exploración de los fantasmas (del colonialismo, la primera; de la figura del autor romántico la segunda). A ellas se le podría sumar otras joyas «independientes» Memory de Michel Franco, Descansa en paz de Thea Hvistendahl, Green Border de Agniestza Holland, Ex-Maridos de Noah Pritzker o Hit Man de Richard Linklater. Además, Filmin ha tenido a bien rescatar para un gran público algunos títulos condenados a los circuitos alternativos o el exilio como son Mamántula, Anhell69, Kokomo City o Ryūichi Sakamoto: Opus. Por último, pero no menos importante, cabe resaltar el reestreno fugaz de Nausicaä del Valle del Viento de Hayao Miyazaki por su 40ª aniversario, que precederá al reestreno de El Castillo Ambulante en el mes de julio.
En cuanto a series, el regreso de La Casa del Dragón por su segunda temporada ha captado todos los focos. El enfrentamiento entre reinas copará la conversación seriéfila a lo largo de las semanas y, si no lo hace el spin-off the Juego de Tronos, lo hará The Acolyte, nueva serie del universo Star Wars protagonizada por Dafne Keen, o la cuarta temporada de The Boys. Pero en este junio se han estrenado también series como The Way, incursión del documentalista británico Adam Curtis en la ficción junto a Michael Seen, Sisi y yo, protagonizada por Sandra Hüller, o el final de temporada de Blue Lights, procedimental policíaco de altos vuelos.
Hit Man. Asesino por casualidad (Hit Man, Richard Linklater 2024) – En cartelera
La gran obra Richard Linklater es su propia filmografía: desde Boyhood y la Trilogía del Amanecer hasta Apollo 10 y 1⁄2, pasando por Escuela de Rock, Fast Food Nation o La Movida del 76, el corpus que ha generado a lo largo de la tres décadas que lleva en activo el realizador nacido en Texas se ha caracterizado por su carácter mutante, fluido y líquido. Capaz de saltar de la animación en rotoscopia al documental televisivo, al hondo drama intimista o a la autoficción, nunca haciendo dos proyectos seguidos que se parezcan un poco. No es de extrañar, entonces, que la historia real de Hit Man —un profesor de filosfía de universidad que colaboraba con las autoridades haciéndose pasar por sicario, ocasión que aprovechaba para transformar su identidad para convencer a sus «clientes»— le atrajese: era él. Así, tras rodar en rotoscopia su infancia durante los años de la carrera espacial, Linklater vuelve a la autoficción, aunque de forma sibilina. Es su obra, no él, el tema central de Hit Man. Es casi un manual de uso para su filmografía.
Con un brillante guión co-escrito con Glen Powell (querría ser él), la nueva estrella en auge de Hollywood, que remite tanto al cine negro como a la comedia de enredos del Hollywood clásico, pero que los adentra en las vueltas de tuerca de la posmodernidad. Puede que sea una de las obras más pobres visualmente que nos ha dado últimamente Linklater, pero su problemática (¿hola, Minority Report?) y estimulante incursión en el mundo de la posverdad, la moral, la personalidad y los límites entre realidad y ficción es una de las más estimulantes de lo que llevamos de año. Y, después, a rodar una película sobre el rodaje de Al final de la escapada de Jean-Luc Godard y el surgimiento de la Nouvelle Vague.
Sesión doble: Holy Motors (Holy Motors, Leos Carax, 2014) Si alguien ha hecho de lo performativo y de las costuras del cine su seña de identidad en los últimos años es Leox Carax. En su penúltimo largometraje, el cineasta francés recorre a través del rostro cambiante de Denis Lavant una serie de episodios, de cuentos autocontenidos e hiperconectados, fruto del trabajo: un actor a sueldo que se transforma en aquello requerido. Bastante más solemne en sus objetivos (Hit Man, en ningún momento, deja de querer ser una comedia de enredo), aunque no sin ironía, la obra de Leos Carax es tan grande como ella misma, desde el CGI hasta el teatro. Una obra extraña, valiente, avanzada, romántica, irregular, subversiva. Como su autor. Jorge Sánchez.
Samsara (Samsara, Lois Patiño, 2024) – Filmin
Aunque no sea un estreno de junio, merece la pena subrayar el estreno hace un par de meses en Filmin de Samsara del gallego Lois Patiño, quien lleva años desarrollando una prolífica y singular carrera que pone de manifiesto las inquietudes de un director con una mirada diferente entre los diferentes. Si bien su cine supone un bálsamo entre tanta interferencia, este nuevo largometraje parece ser un triple salto mortal es sus inquietudes, alejándose por esta vez de los escenarios a los que nos tenía acostumbrados y adentrándose en el abstracto tema de la vida después de la muerte. A través de una exquisita y sutil puesta en escena, nos cuenta la historia de una anciana que muere en Laos y acaba en Zanzíbar reencarnada en un cabrito. Entre medias, uno de los momentos más extraños y gozosos que ha dado el cine reciente y que deja en pañales las experimentaciones más delirantes y pagadas de sí mismas de Gaspar Noé o Lars von Trier. Lo que esta película propone, lejos de epatar al espectador con estridencias experimentales, no es ni más ni menos que un acto de meditación hecho cine. No es una película para todo el mundo pero los que sean capaces de dejarse llevar se llevarán una agradable sorpresa.
Sesión doble: La posesión (Possession, Andrzej Zulawski, 1981). El polaco Andrzej Zulawski venía del éxito de Lo importante es amar cuando decidió acometer su película más emblemática. Si bien el director siempre ha tenido cierto gusto por ahondar en las profundidades de las relaciones humanas de forma descarnada, aquí consiguió llevarlo todo hacia una dimensión más iconoclasta añadiendo la presencia de una criatura —a cargo del creador de E.T.—. El resultado fue su obra más conseguida, una película que goza hoy de un gran culto y que sin duda llevó al paroxismo la tendencia al exceso de un director difícil de clasificar. Aquí, además del bicho, tenemos a una Isabelle Adjani más enigmática que nunca y a un Sam Neill que nos obsequiaba con uno de sus registros más desquiciados e inflamables. Todo ello envuelto por un festival de angulares angustiosos, planos secuencia disruptivos y alguna que otra salida de tono tan del gusto del director. Una película que revisitar una y otra vez, y más estos días con motivo del cumpleaños de Adjani y ante la noticia de un remake protagonizado por Robert Pattinson. Por si esto fuera poco, la restauración en 4K nos permite disfrutar de esta bella locura de forma más esplendorosa que nunca. Sergio Román.
Mamántula (Mamántula, Ion de Sosa, 2023) – Filmin
Tenemos que rescatar a Mamántula y hacer de ella definitivamente esa película de culto como su camino por diferentes festivales de cine ha confirmado (San Sebastián, Sitges, D’A, Cine Independiente de Ibiza). Ion de Sosa realiza una obra que desafía las convenciones tradicionales del cine de terror y ciencia ficción, sumergiéndonos en una narrativa surrealista y experimental que nos lleva a otros directores actuales como Velasco Broca y sus Alegrías Riojanas o Immotep de Julián Génisson. El director de Sueñan los androides vuelve a sorprendernos por su enfoque único y su capacidad para mezclar géneros que crean en el espectador una experiencia cinematográfica inquietante y fascinante, llevándonos hacia los márgenes de lo narrativo.
Esta araña mutante que aterroriza a los habitantes de un pequeño pueblo le sirve como metáfora para explorar temas más profundos como el miedo a lo desconocido, la alienación y la fragilidad de la condición humana. De Sosa pone en guardia al espectador visualmente que, en ocasiones, viaja hacia una absurdo surrealista de David Lynch, Luis Buñuel o Jose Val del Omar. Su fotografía con unos colores saturados y una puesta en escena con unos ángulos de cámara inusuales contribuyen a crear una atmósfera onírica y muy perturbadora, que junto a su inquietante música nos lleva a ese cine desconcertante y enriquecedor sensorialmente hablando. Sin duda alguna Ion de Sosa con su Mamántula, demuestra de nuevo el porque es uno de los reyes del cine underground y queer de este país.
Sesión doble: Anhell69 (Anhell69, Theo Montoya, 2023). Cuando entrevistas a Theo Montoya, descubres que él es uno de esos personajes con los que nos fascina la historia de su película. Reflejar el mundo de la juventud queer en ese Medellín colombiano marcado por la violencia y la opresión, no debe ser una tarea fácil, pero Theo demuestra que es un director audaz. Anhell 69 nos muestra una visión cruda, pero a la vez poética de la lucha por la identidad sexual y la búsqueda de su libertad social. Marcada por su narrativa fragmentada, Montoya nos lleva al interior de sus personajes gracias a ese tono melancólico que imprime con su estilizada puesta en escena y una fotografía que navega entre las luces neón de su mundo de ensoñación y la sombría profundidad de la oscuridad social que les rodea. Entre el documental y la ficción Anhell 69, es un impresionante fresco de 75 minutos de una comunidad marginada en una sociedad tan difícil como la colombiana, realizado con una gran honestidad. Tanto la ópera prima de Montoya como el mediometraje de De Sosa son dos films que no temen a explorar temas oscuros y complejos, ofreciendo una reflexión profunda sobre la identidad, la venganza y la lucha por la aceptación en un mundo que a menudo es cruel e indiferente. Hay hilos mentales que tejen telarañas de vanguardismo en el cine. Carlos Garries.
La madre de todas las mentiras (كذب أبيض, kadib ʿabyaḍ, Asmae El Moudir, 2023) – Filmin
En 1981, nueve años antes de que naciese la directora, tuvieron lugar las Revueltas del Pan de Casablanca. En el barrio donde vivía la familia de El Moudir, la gente salió a la calle pero no volvió de ella. Algunos fueron asesinados y otros fueron enviados a prisión. La familia de la realizadora no salió a las calles, permanecieron en la cárcel particular diseñada por su abuela. Bajo estos traumas enraizados en la represión, la realizadora explora una identidad marcada por la ausencia de imágenes, ya sea desde la perspectiva colectiva e histórica de los motines o desde una mirada familiar al carácter autoritario de la matriarca de su abuela. El documental es un intento de recuperar una memoria opacada por el silencio forzado. No es de extrañar que El Moudir se hiciera cineasta, fascinada por las imágenes inalcanzables y exterminadas de su infancia. La película es un acto terapeútico para la directora en una búsqueda de sí misma que aparentemente trata de establecer un diálogo con una mirada plural e históricamente relevante, que, sin embargo, queda de telón de fondo tras el protagonismo de un trauma generacional arraigado y manifestado a través de la prohibición de fotografías. Abuela y nieta son el centro indiscutible de la película, ni siquiera el hijo y padre de ellas respectivamente, atrae parte del foco narrativo, a pesar de ser las manos responsables del modelado de las características figuritas del documental. Unos muñecos de arcilla que pretenden reconstruir, como acto político, unas memorias condenadas al olvido debido a la ausencia de su representación, pero cuya fuerza, intención y significado queda diluida en favor de la herida generacional. El descubrimiento personal confudido con la revolución. Es por ello, que a pesar de la intención inicial de desmentir las historias contadas y calladas, la joven directora modela su propia memoria en un relato (auto)liberador, que no es otra cosa que otra historia más.
Sesión doble: Los Rubios (Los Rubios, Albertina Carri, 2003) Si bien el peculiar enfoque de la película de El Moudir la convierte en merecedora de la Mejor Dirección que obtuvo en Un Certain Regard presenta un enfoque original y personal, aunque no único o precursor. Veinte años antes Los rubios se sumergió de manera similar entre las mismas estéticas y temas. En este caso, Carri exploraba su propia identidad a través de un ejercicio de memoria sobre el secuestro y desaparición de sus padres a manos de la dictadura argentina iniciada en 1976. Al igual que El Moudir trata de reconstruirse y descubrirse a sí misma explorando unos recuerdos borrosos y fragmentados. convinando memoria individual y colectiva. Se asemeja al documental marroquí no solo en el diálogo entre memoria e identidad, si no también en el uso de figuritas como recurso para recrear el pasado, en este caso a través de la animación en stop-motion con Playmobils. De igual manera, se alimenta en gran medida de la revelación del aparato cinematográfico: equipo, ensayos y desdoblamiento de la directora en una actriz, dejan entrever una reflexión y cuestionamiento en torno a la veracidad del relato testimonial. María Valdizán Cuende.
