No, no son las mejores películas del año. O no solo. También están Cerrar los ojos, Luz nos trópicos o La sociedad de la nieve, pero esas aparecen en las listas del mejor cine español y brasileño. En este artículo repasamos el resto de cinematografías.
De un tiempo a esta parte, el cine es territorio de caza de los viejos maestros y el 2023 no ha sido una excepción. Hayao Miyazaki, Aki Kaurismäki, Nanni Moretti, Martin Scorsese, Ridley Scott, Hong Sang-soo, Claire Denis, Víctor Erice, Paul Schrader y, si apuramos el tiempo, David Fincher o Park Chan-Wook. Continuamos con el desarraigo de los jóvenes realizadores. Sí, ha habido espacio para los nombres nuevos como los gemelos Phillipou (que, por cierto, lideran un año de terror bastante potente, como el anterior), Celine Song o, incluso nombres como Laura Citarella, Justine Triet, Cyril Schäublin o Rodrigo Moreno pueden aparecer, pese a no serlo, por primera vez ante la mirada de mucha gente. Pero siguen siendo opacados por los grandes maestros. La pregunta es: ¿en unos años tendremos grandes maestros?
Ha sido un año de excesos. El 2023 lo iniciamos con aquella borrachera que llevaba por título Babylon, siguió la hiperactiva Decision to Leave y lo terminamos con la imaginación desmedida de El chico y la garza y la ambición sin igual de Napoleón, sin olvidarnos de la maravillosa John Wick 4, la histeria psicótica de Beau tiene miedo, la inabarcable Spider-Man: Across the spiderverse (inciso, qué año más apoteósico para la animación, ¿no creen?), el control del plano de Asteroid City o los estrechos despachos rodados como cine épico de Oppenheimer. Pero también han salido a relucir los escultores de la imagen, aquellos que devastan la forma hasta quedar lo esencial: Hong Sang-soo, Paul Schrader o David Fincher. El asesino, El maestro jardinero y, sobre todo, En lo alto demuestran que, a veces, un simple corte tiene más fuerza que cincuenta imágenes.
Ha sido el año donde reaparecieron los anuncios corporativos en formato largometraje, con Barbie, la película más taquillera del año, a la cabeza. Pero también se estrenaron Air, Blackberry, Tetris… Y, aunque no todo el cine de vocación comercial viene de Hollywood y las tendencias de los estudios —Los tres mosqueteros: D’Artagnan, El inocente, Fallen Leaves o La sociedad de la nieve son cuatro ejemplo de cine europeo, accesible y popular—, la película dirigida por Greta Gerwig, que se presta a no poco debate y discusión, también participó de uno de los fenómenos sociales y marketing que bien podrían ser una obra artística en sí mismo: Barbenheimer, una (falsa) dicotomía que pretendía enfrentar falazmente dos subculturas (de internet, supongo), pero que consiguió unirlas para siempre y, con ello, cosechar un éxito sin precedentes en los últimos años. En el espectro contrario, 2023 también ha sido un año de películas sentidas, desde las mencionadas El chico y la garza y En lo alto hasta Una bonita mañana, El combate de Keiko o Las ocho montañas; de películas políticas, como El viejo roble, Disturbios, Los asesinos de la luna, Los delincuentes, El sol del futuro y, sobre todo, Los osos no existen; y de películas, supongo, anticomerciales, pues han tenido su estreno en España directamente en plataformas, como Estrellas al mediodía, Skinamarink, Sabotaje o, incomprensiblemente, las comedias El club de las luchadoras y ¿Estás ahí, Dios? Soy yo, Margaret.
Ha sido un año de biopics, de coming of age, de cine de acción, de sátira, de western, de comedia, de romance y melodrama, de thriller, de documentales… pero, por encima de cualquiera de las cosas, 2023 ha sido el año del optimismo como motivo político, del abandono del cinismo, de la reinstauración de la fe progreso. Quizá sean nuestros tiempos, quizá sea la crisis del cine como arte popular, pero, si películas tan dispares como John Wick 4, El Asesino, El viejo roble, El chico y la garza, Fallen Leaves, Una bonita mañana, El maestro jardinero y El sol del futuro coinciden, quizá tenemos que, pese a todo, levantar la cabeza y mirar al futuro con esperanza.
Menciones honorables: Alma Viva, Beau tiene miedo, Blue Jean, Cien flores, Conspiración en el Cairo, El caso Padilla, El club de las luchadoras, El combate de Keiko, El dolor y la belleza, El inocente, El maestro jardinero, El viejo roble, ¿Estás ahí, Dios? Soy yo, Margaret, Estrellas al mediodía, Evil Dead Rise, Godland, La Ballena, Living, Los Reyes del Mundo, Love life, Mi crimen, Misterio en Venecia, Monster, Ninja Turtles: Caos mutante, Orlando, mi autobiografía política, Passages, Rimini, Safe Place, Scarlet, Sick of myself, Skinamarink, Sparta, Spider-Man: cruzando el multiverso, Suzume, The Quiet Girl
10. Decision to leave (Park Chan-wook) & Háblame (Danny Phillipou, Michael Phillipou)
Los gemelos Philippou firman la película de terror del año, una inesperada hazaña para unos directores primerizos salidos de Youtube. Juvenil, generacional y centrada en los temas tabú que se comienzan a visibilizar poco a poco en la sociedad actual —partiendo del duelo, se aproximan a la depresión, el suicidio, la eutanasia y la adicción (a través de la metáfora de la posesión)— los hermanos australianos se estrenan con una meticulosa puesta en escena que construye una atmósfera desoladora y de tensión creciente en una propuesta de terror emocional, existencial y ética, alejada de los jump scares.
Por su parte, el director de Old Boy o La doncella regresa con un thriller de alma hitchockiana pero de hipermusculación formal. zooms, movimientos de cámara, encuadres imposibles… La imagen en Decision to leave es un no parar, como su protagonista, un detective con insomnio que se enamora de las sospechosas de un caso secundario. Amor (melodrama) y crimen (noir, thriller) se mezclan hasta hacerse trágicamente indistinguibles al atardecer en una playa. Leer crítica Decision to leave. | Leer crítica Háblame.
Sesión doble: En lo alto & El chico y la garza; frente al exceso de Park Chan-Wook, la depuración formal del otro gran maestro coreano, Hong Sang-soo, capaz de resumir toda una vida en las estancias de un edificio y un puñado de escenas. Y, si hablamos de maestros, el mayor de todos, Hayao Miyazaki regresa tras diez años de retiro para, como los gemelos Phillippou entregar una (otra) obra sobre el duelo y el más allá. La diferencia: el japonés no se queda en este lado del umbral, sino que lo cruza para ofrecer su película más abstracta y crítptica hasta la fecha, pero también una de las más desbordantes visual e imaginativamente. Leer crítica En lo alto.
9. Oppenheimer (Christopher Nolan)
Christopher Nolan —para muchos sobrevalorado— suele dar que hablar. Por eso, sus películas son esperadas con cierta expectación, como ha sido este 2023 el caso de Oppenheimer. Una historia desarrollada en tres tiempos claramente diferenciados, en los que se desgrana la vida de uno de los físicos teóricos más importantes de Estados Unidos, el padre de la bomba atómica. De la misma forma muestra tres facetas de este personaje interpretado por Cilian Murphy, en las que sufre una lucha interna al cuestionarse las consecuencias morales de su creación. La eterna dialéctica entre la teoría y la práctica. Leer crítica.
Sesión doble: Napoléon & Babylon; si es posible que exista una película más megalómana que Oppenhaimer, seguramente los trabajos de Ridley Scott y Damien Chazelle se lleven la palma. El biopic del director de Gladiator o El último duelo es un melodrama de época donde las batallas expresan los sentimientos de un Bonaparte tan brillante como patético, símil de la política actual. Deseando estamos ver el corte de cuatro horas. A su vez, el realizador La La Land realiza una crónica de la transición del cine mudo al sonoro en una excesiva (en todos los sentidos) carta de amor-odio al medio. Leer crítica Napoléon. | Leer crítica Babylon.
8. Almas en pena en Inisherin (Martin McDonagh)
Con su habitual tono de comedia negra y sus habituales Colin Farrell y Brendan Gleeson, Martin McDonagh construye un relato austero y de atmósfera fantasmagórica en un pueblo remoto de la Irlanda del año 1923. Almas en pena de Inisherin reflexiona, bajo una apariencia sencilla o insustancial, sobre temas como la soledad, la necesidad de huida o el fratricidio en una historia sobre el final de una amistad y la negativa de una de las partes a aceptarlo. Leer crítica.
Sesión doble: Las ocho montañas; relato de herencia romántica sobre dos amigos y una montaña. Dos formas de enfrentar la vida que, a su vez, se enfrentan a la naturaleza y al tiempo, a la vida misma; todo ello con una puesta en escena que heredera del paisajismo y la literatura decimonónicos. Leer crítica. | Leer entrevista con Charlotte Vandermeersch.
7. Una bonita mañana (Mia Hansen-Løve)
Cuatro estaciones, las tres edades del hombre, dos horas de cinta y una mujer que pasea por París. A medio camino entre la autoficción y el cine de la modernidad, a la Rohmer, Mia Hansen-Løve conjuga tres tramas que desarrollan de las tres facetas vitales de su protagonista: trabajo, vida familiar (cuidados del padre, educación de la hija) y romance; y, sin embargo, entre las grietas de esas tramas, en esos paseos, la cineasta francesa captura la vida. Es el tiempo, tan frágil, en forma y fondo la auténtica materia de la cinta. Tempus fugit, congelemos el fotograma. Leer crítica.
Sesión doble: La hija eterna; continuamos en el terreno del tiempo, pero del tiempo suspendido por el trauma. Tilda Swinton se reúne con Joanna Hogg para dar vida, a través de un doble papel, a una hija y a una madre que van a pasar sus vacaciones a un antiguo castillo en Escocia. Su título lo dice todo. Cine gótico, de fantasmas y con uno de los mejores usos del plano/contraplano. Leer crítica.
6. Trenque Lauquen (Laura Citarella)
El cine argentino ha dado dos obras rizomáticas, de historias dentro de historias, de libertad narrativa: Los delincuentes y Trenque Lauquen. La última, perteneciente al Pampero Cine y a las formas que han desarrollado en las últimas décadas, es una película calmada, relajante, llena de amor por los medios y formatos de comunicación y por las historias. Todo comienza con la desaparición de Laura; a este misterio le sustituye otro misterio o quizá solo una historia y así hasta que la cinta, cuatro horas y cuarto después, termina, porque, en algún momento hay que terminar, devolver la fantasía, bajar a la realidad, retornar a casa. Leer crítica. | Leer entrevista con la directora.
Sesión doble: Asteroid City; si algún otro director ha mostrado un amor por las historias como Citarella, aunque bastante más vilipendiado, es Wes Anderson, tanto en el formato largometraje como sus adaptaciones de Roald Dahl en cortometrajes para Netflix ¿Qué decir a estas alturas? Un paso más en el estilo «Wes Anderson». Leer crítica Asteroid City. | Leer crítica cortos Roald Dahl
5. Anatomía de una caída (Justine Triet)
El judicial francés parece haberse propuesto en los últimos años cuestionar no solo el sistema judicial de Francia —pero, por extensión, el europeo y el norteamericano—, sino indagar en los cánones, sistemas y demás estructuras que dan forma a nuestro mundo. Pero, a diferencia de 12 hombres sin piedad y su sentido ejemplarizante, en este nuevo cine, la justicia no es un valor, sino una emoción; la posverdad. Y pocas películas lo han logrado con la brillantez de la última Palma de Oro. Una totémica Sandra Hüller da vida a una escritora que podría haber matado a su marido y ese es el desencadenante de un libreto que destaca por su pulso narrativo y por la inteligencia de su construcción: al final, solo pesan los prejuicios de los propios espectadores. Leer crítica.
Sesión doble: Saint Omer; continuamos en el cine judicial francés con el primer largometraje de ficción de la documentalista Alice Diop. Basada en hechos reales y con un caso de asesinato como excusa narrativa, la película disecciona, con una imagen parca y austera que deja espacio a los actores y al espectador, los prejuicios y la situación judicial, moral y cultural de los inmigrantes en Francia.
4. Vidas pasadas (Celine Song)
Melodrama a medio camino entre el universo de Wong Kar Wai y una película de Sundance, el debut en el largometraje es uno de los más maduros y valientes que nos ha dado cine norteamericano en los últimos años. Con un triángulo amoroso como representación de la doble identidad (dos culturas, dos ciudades, dos tiempos) de su protagonista, Vidas pasadas es cine de fantasmas sin sábanas ni ectoplasmas, sino de lo acechante que es nuestro pasado para nuestro presente; fantasmas con cuerpo digital o invocaciones de un fin de semana que descubren las sombras y las luces del Sueño Americano. Leer crítica.
Sesión doble: Falcon Lake; con casi total seguridad, la otra gran película sobre procesos de maduración, en este caso en la (pre)adolescencia, es el primer largometraje de la actriz canadiense Charlotte LeBon, donde las primeras pulsiones sexuales se confunden con el primer enamoramiento y permiten aflorar una pulsión autodestructiva que, vinculada con una vocación por el fantástico, hacen de Falcon Lake una obra que te desagarra desde dentro. Todo ello, si lo permiten Steven Spielberg y su Los Fabelman, relato donde el realizador de E.T vierte, ahora de forma explítica, su infancia en imágenes para conformar un emotivo homenaje a su padre, a su madre y al cine que le hizo ser quien es —genial David Lynch—. La secuencia inicial, el rectificado final y la imagen de él mismo grabando en el espejo el divorcio de sus padres se encuentran, en su sencillez, entre lo mejor que ha rodado; y poco no es. Leer reseña Falcon Lake. | Leer crítica Los Fabelman.
3. El sol del futuro (Nanni Moretti)
La mejor escena política, estética y filosófica está en el último largometraje de Nanni Moretti: un baile al son de Batiato. La esperanza como pilar básico sobre el que armar un mundo nuevo, pues el propio –política y estéticamente- está despareciendo. A ratos cascarrabias, a rato cómico lúcido, el universo egocéntrico del cineasta italiano es más colectivista que nunca; divertida, conmovedora, reflexiva, autoreferencial y autoconsciente, esta historia de un director que quiere rodar una película sobre el periódico asociado al PCI durante la invasión de la URSS de Hungría, pero, en el fondo, desea repasar la vida de una pareja a través de la historia de la canción italiana es una de las invitaciones más claras a crear un nuevo cine, a desfilar, a amar, a bailar. Leer crítica.
Sesión doble: Los delincuentes; como decíamos antes, película de tres horas llena de recovecos narrativos y saltos temporales que, tras un robo que pretende poner en jaque al sistema, explora el concepto de la libertad, tanto en fondo como en forma. Candidata a los Oscars por Argentina, ha cobrado más relevancia por los resultados electorales del país; sin embargo, excede la coyuntura para consagrarse como una de las películas políticas más estimulantes y coherentes del año. Y, como no, no podía faltar Jafar Panahi en una lista sobre cine político, sobre cine… Con Los osos no existen, película entre el melodrama rural y la desmitificación de leyendas, el cineasta iraní, que el año pasado volvió a ser detenido, se rebela una vez más contra su país, contra sus dirigentes y contra esa justicia que le deshabilitó en 2009 del oficio de cineasta. Cinco películas lleva desde entonces. Casi nada.
2. Los asesinos de la luna (Martin Scorsese)
Hay algo poético en que una de las películas más terroríficas, pese a construirse como una mezcla entre el melodrama, el noir y el western, esté abrazada en este top por dos películas tan esperanzadoras como las de Nanni Moretti y Aki Kaurismaki. Martin Scorsese a sus 81 años entrega la película más larga de su carrera, la más completativa, la más pesimista, quizá una de las más complejas. Con ella busca generar justicia histórica y fílmica de los asesinatos en la Nación Osage en los años 20 del siglo pasado y lo hace desde la conciencia de su mirada y un absoluto magisterio de su oficio. Bien podría ser su Ran. Leer crítica.
Sesión doble: Disturbios; esta pequeña película de puesta en escena centrífuga y diálogos filosóficos sobre el anarquismo que recoge las visitas del filósofo y cartógrafo ruso Pyotr Kropotkin a una comunidad de relojeros en Suiza seguramente sea lo más cercano a un verdadero cine anticapitalista, al reconocer la imposibilidad de la imagen y del hecho artístico como medios antisistema. Leer reseña Atlàntida 2023.
1. Fallen Leaves (Aki Kaurismäki)
Heredera de Charlie Chaplin, vecina de Yasujiro Ozu, admiradora de Robert Bresson y amiga de Jim Jarmusch, la nueva película de AKi Kaurismäki es, en realidad, la misma que ha hecho siempre: explotados por el sistema que se dan a la bebida y al tabaco se encuentran para, gracias al cine y al amor, únicos bálsamos ante un mundo gris. Ahora, la depuración de su parco y sencillo estilo visual y nuestros oscuros tiempos han elevado la cinta hasta convertirla en el fenómeno cinéfilo y crítico del año. Sin embargo, es su accesibilidad lo que, como indicábamos al principio, lo emparenta con Chaplin, capaz de hacer reír y llorar a cualquier persona. Y con eso, es suficiente 🙂 Leer crítica.
Sesión doble: The Killer; con el thriller por bandera y una lectura meta en el bolsillo, David Fincher construye un puente entre las dos caras de su filmografía: la que estudiaba con cinismo y frialdad las caras más oscuras del ser humano y los actos de amor. Depurando su puesta en escena al máximo y con un Michael Fassbender que se construye desde el gesto, el director y el guionista de Se7en vuelven a colaborar en una película que va de la frialdad a la emoción, del individualismo a la colectividad, del narcisismo a la entrega por el otro, de la alienación a la rebelión contra sus jefes, del cinismo al optimismo. Leer crítica.
