Irma Vep

Ficha técnica:

Título original:

Irma Vep

Director: Olivier Assayas

Duración: 8 eps x 50 min

País: Estados Unidos, Francia

Idioma: Inglés, francés

Intérpretes: Alicia Vikander,

Adira Arjona, Fala Chen,

Carrie Brownstein, Lars

Eidinger, Jess Liuadin,

Vicent Lacoste, Jeanne Balibar

HBO Max España

Sinopsis: Mira es una estrella de cine desengañada tanto por su carrera como por una reciente ruptura. Llega a Francia para encarnar a Irma Vep en una adaptación del clásico francés del cine mudo “Los vampiros”. A medida que avanza el rodaje, Mira se da cuenta de que los límites entre ella misma y el personaje que interpreta comienzan a difuminarse y a fusionarse.

Crítica:

Por Rafael Bürger y Jorge Sánchez

«Lo que me trajo al cine fue la sensación de libertad. No había límites. El cine es el Salvaje Oeste. A veces se te olvida, pero lo sabes. ¿Por qué hacemos películas hoy en día? ¿Quién querría arriesgar su vida por el cine? Son tiempos sosos, oscuros e insípidos. ¿Dónde está el sentido de la aventura? ¿Dónde está el caos? […] La industria ha sustituido al cine. Abogados, big data, franquicias, plataformas, todo eso. Pero el independiente no es mejor, da sermones hasta la náusea. El cine era para los tipos malos y las tipas malas, como Musidora, igual que el rocanrol de antes«, es el análisis que hace Gottfried de la situación actual de la industria cinematográfica actual. ¿En qué momento, las esferas culturales han aceptado un discurso que en el ámbito económico o social sería calificado de ultraliberal? ¿En qué momento —y por quiénes— se decidió que palabras como «barato», «mediocre» o «moralismo» son peyorativas? ¿En qué momento, la novedad se convirtió en el valor único? ¿En qué momento hemos pensado que repetir, como un mantra repetitivo y de escasa profundidad, las críticas a los abogados, al big data y a las franquicias y clamar ciegamente «¡Libertad!» era una revolución? ¿En qué momento nos hemos vuelto tan adolescentes?

Porque repasemos algunos de los puntos claves del Manifiesto Futurista:

  • I. Queremos cantar el amor al peligro, a la fuerza y a la temeridad
  • III. Contrastando con la literatura que ha magnificado hasta hoy la inmovilidad de pensamiento, el éxtasis y el sueño, nosotros vamos a glorificar el movimiento agresivo, el insomnio febril, el paso gimnástico, el salto arriesgado, las bofetadas y el puñetazo.
  • V. Queremos cantar al hombre que es dueño del volante cuyo eje ideal atraviesa la Tierra lanzada sobre el circuito de su órbita.
  • VI. Es necesario que el poeta se desviva, con ardor, con fuego, con prodigalidad por aumentar el fervor entusiasta de los elementos primordiales, su ignición.
  • IX. Queremos glorificar la guerra—única higiene del mundo—, el militarismo, el patriotismo, el gesto destructor de los anarquistas, las bellas ideas que matan y el desprecio a la mujer.
  • X. Queremos demoler los museos, las bibliotecas; combatir el moralismo, el feminismo y todas las cobardías oportunistas y utilitarias.

Como vemos, el discurso de Gottfried no es nuevo. Publicado en 1909, por Phillips Marinetti, quién una década después co-escribiría el manifiesto fascista, capturaba el espíritu rupturista de las vanguardias históricas en su forma más radical. Vivimos sin haber superado aún el fantasma de los ismos y, peor aún, hemos asumido sus mitos de forma romántica y acrítica.

Si bien Olivier Assayas no tiene por qué compartir el discurso de Gottfried —es más, Gottfried es un personaje cercano a la caricatura dentro de una sátira que se ríe bastante de sus creadores— sí que hay algo de eso en la serie. A lo largo de los ocho episodios nos encontramos con una dialéctica entre lo material y lo espiritual, entre lo industrial y lo artístico, entre «el entretenimiento/contenido y el cine». El cineasta francés no da respuestas claras y eso es de agradecer; pero su postura, la de su alter-ego René Vidal, es cristalina. Tanto que los mejores momentos de la cinta ocurren cuando Alicia Vikander (que se encuentra estupenda en sus múltiples facetas) se pone el traje de Irma Vep y «trasciende» el plano material.

Assayas revisita a su obra magna para tomarle el pulso, no sin humor y algo de autoparodia, a la situación cinematográfica actual; y lo hace con tal atino e inteligencia que lo único reprochable sería su carácter neorromántico. Paradójicamente, pese a ese espíritu, algunos de los aspectos más interesantes (y las decepciones) vienen dados por la repetición y la encadenación con el pasado. En primer lugar, el carácter intertextual, que mezcla la realidad de la serie, la serie que están rodando, fragmentos de The Vampyres —mostrados, a veces, a través de teléfonos móviles en una decisión que solo puede ser calificada de «brillante»—, algunos fragmentos de la película de 1996 y una ficcionalización de los recuerdos de Musidora, es uno de los más ricos y estimulantes que se han hecho. Esa relación entre presente y pasado Los problemas que conlleva son: una gran deuda con el resto de «textos», particularmente con la obra de Feulliade, y la inevitable comparación (¿en qué momento la cultura se ha convertido en una competición?). Como buen remake, si bien se echan de menos algunos aspectos de la película original (esa velocidad inexorable que era el motor de la acción, las aventuras más experimentales), lo expande, ramificando sus temas y alcanzando un grado de coralidad importante, al tiempo que lo arraiga al contexto actual.

Es por eso que resulta chocante que, jugando tan duro como lo hace con las ficciones de repetición, adopte un discurso tan opuesto, tan fundamentado en el placer por la novedad y la exclusividad. Cabe recordar que al inicio de ese mismo episodio, Gottfried casi muere asfixiado al buscar satisfacción sexual colgándose de un armario porque había llegado al punto que no la encontraba de otra forma; es decir, el resultado de la represión del placer por la repetición, y su suplantación por una dictadura férrea del placer por la novedad, es (cercano a) la muerte.

Si Gottfried se deja llevar por su búsqueda autodestructiva de la novedad, René Vidal es una persona paralizada por la ansiedad que le provoca la novedad que viene con el futuro. En este sentido, la producción del remake de Irma Vep es algo más que un acto de refugiarse en un pasado conocido y confortable: se trata de hacer las paces con los fantasmas que allí habitan, tanto para el personaje como para su homólogo en la realidad. En este proceso terapéutico-creativo gana mucho protagonismo el fantasma de Jade Lee, la actriz que había protagonizado el papel de Irma Vep en el primer remake y con la que el director mantuvo una intensa, pero fallida relación, en clara referencia a la relación de Assayas con Maggie Cheung (tristemente alejada de la pantalla desde 2010). Lo más llamativo de esto es que se trata del fantasma de alguien que no ha muerto, sólo que vive de una manera inaccesible para los embrujados. Estas imágenes conjuradas por el deseo de quien las ve, desde una memoria cristalizada, no son otra cosa que el propio cine. Así como en sus diálogos con el fantasma, René no sólo intenta reconectar una relación amorosa perdida, sino redescubrir las pasiones que despertó el cine en el pasado, en un nuevo contexto de streamings y bingewatching en el que se encuentra perdido.

Assayas va más allá en este sentido, introduciendo literalmente el tema de la terapia en la serie al incluir en el guión las sesiones de René con su psicóloga. Pero es, a través de Mira, que estas cuestiones encontrarán una efectiva expresión. Esto es porque el personaje de Alicia Vikander, en su búsqueda de encarnar el espíritu de Musidora e Irma Vep, funciona como un mediador ideal de la fantasía. Como actriz, forma parte de su trabajo acceder a estas imágenes fantasmales (ya sea de Irma Vep, Musidora o Jade Lee), espectros que le son ajenos, pero con los que puede moldear físicamente su cuerpo en un proceso de empatía. Un proceso muy cercano al del espectador, que durante la duración de la serie entrará en contacto con imágenes y fantasías virtuales que le son ajenas, pero que le permiten vivir experiencias tan fuertes como si fueran propias.

En este sentido, la serie aparece como una experiencia intensa, pero anticlimática, en el sentido de que, como en la relación espectador con el cine, sus personajes persiguen intereses, deseos y fantasmas inmateriales, imposibles de ser captados, aunque sea fugazmente. Este aspecto es muy claro en las relaciones amorosas y sexuales de Mira a lo largo de la serie. Mientras que puede acceder a los poderes de Irma Vep, como atravesar las paredes y observar la vida de los demás de forma furtiva y voyerista, es decir, poderes eminentemente cinematográficos, es incapaz de acceder físicamente a los espectros de su deseo, a los que observa salvo en momentos muy fugaces.

A través de esta experiencia propuesta, todas las múltiples narrativas que abarca la serie se entretejen para representar la relación poco amistosa entre la imaginación y lo real, construyendo en el proceso un retrato que da cuenta de toda la complejidad y de lo contradictorios que son los procesos del arte en el cine en su dimensión metafísica y en su dimensión material como producto del trabajo en una cadena de producción globalizada.

HBO Max España

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