Lizzie

Ficha técnica:

Título original:

Lizzie

Director: Craig

William Macneill

Duración: 105 min

País: Estados Unidos

Idioma: Inglés

Intérpretes: Chloë Sevigny,

Kristen Stewart, Jamey

Sheridan, Fiona Shaw,

Kim Dickens

Filmin

Sinopsis: Finales del siglo XIX. Después de mucho tiempo en soledad, Lizzie Borden (Chloë Sevigny) se hace amiga de la criada Bridget Sullivan (Kristen Stewart) y su intimidad acaba desatando un suceso inimaginable.

Crítica

La historia real de Lizzie Borden es una historia de sangre y de violencia. Es la historia de una mujer acusada y absuelta del asesinato de su padre y madrastra en Massachusets en 1892. Pero también es una historia de amor: el supuesto romance prohibido con una de sus criadas, Bridget Sullivan. Sin embargo, la película va más allá del morbo del suceso para adentrarse en una historia sobre la posición de la mujer en la época y la violencia de clase. 

Pese a ello, la delicadeza y la empatía impregnan la cinta, desde las actuaciones de Kristen Stewart y Chloë Sevigny hasta la dirección de fotografía, que fluye acercándose y alejándose de la acción, sumergiéndose en los sentimientos de las dos mujeres, pero también ofreciéndoles espacio para respirar. La emoción reside en los gestos y en las miradas de las protagonistas; las actrices transmiten con sutileza sus actuaciones, contenidas para mostrar la opresión a la que están sometidas. En ese sentido, los espejos juegan un papel fundamental no solo para dar profundidad a los espacios, sino también como reflejo de la mujer, dedicada a la delicada apariencia, pero que puede herir al romperse.

Lizzie, con su fuerte carácter, se siente aislada de una familia que no la apoya, mientras que Bridget, la nueva criada, se encuentra en un lugar ajeno y amenazante donde solo Lizzie la hace sentir segura. Esa soledad reprimida de las dos protagonistas es el nexo de unión a través del cual encontrarán a alguien en quién confiar y con quien sentirse amadas, pero, a pesar de lo que pueda parecer —y de la importancia de la relación de las dos mujeres tanto en el desarrollo de sus personajes como en el conjunto de la cinta— la cuestión central no es el amor sáfico, ni siquiera el asesinato, si no la perspectiva de clase en la situación de la mujer.

Ambas se encuentran en una situación donde, por ser mujeres, no tienen permitido tener la  capacidad de decidir; pero en grados son tremendamente distintos.»Cree que elegí estar aquí» dice Bridget y, acto seguido, le pregunta a Lizzie si es consciente de lo que conllevan sus acciones. Dentro de su condición de mujer, Lizzie tiene cierto margen para decidir, si bien es mínimo, ya que es su padre el que ejerce control sobre ella. Un control que trata de eludir gracias a su fuerte carácter, alimentado por un idealismo que puede permitirse también debido a su posición social. Sin embargo, su privilegio reside en la oportunidad de no tener presente las consecuencias de sus actos. En cambio, si Bridget realiza un mal trabajo o que sus empleadores no quedan satisfechos —aunque sus exigencias sean verdaderamente abusos— puede significar la muerte. 

Esto se explora con más detalle tras el asesinato. Lizzie nunca fue condenada por el parricidio —aunque la opinión pública la siguió considerando la asesina—, debido a que el juez consideró que una mujer de su posición social no podía ser capaz de cometer tal atrocidad. Sus actos la llevan al calabozo y a un juicio, pero, después de ello, continúa con su vida. De esta manera, la estancia en la que encierran a Lizzie tras los sucesos resulta mucho más acogedora y menos asfixiantes que la situación de la criada de los Barden, cristalizada en ese plano en el que las paredes blancas de la residencia de su empleadores se abalanzan sobre el cuerpo encogido del personaje de Stewart tras enterarse de la muerte de su madre: Lizzie es más libre en la cárcel que Bridget en el lujoso jardín de la casa.

En el fondo, esta historia de sangre y violencia habla de una violencia sistémica, menos viscosa y más peligrosa; y, en el fondo, esta historia de amor prohibido viene condicionada, más que por un romance ilícito debido a la orientación sexual de las dos mujeres, por su carácter de clase.

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