La Isla de Bergman

Ficha técnica:

Título original:

Bergman Island

Director: Mia Hansen-Løve

Duración: 112 min

País: Francia

Idioma: Inglés

Intérpretes: Vicky Krieps, Tim

Roth, Mia Wasikowska,

Anders Danielsen Lie, Joel Spira,

Oscar Reis, Jonas Larsson

Grönström, Clara Strauch,

Wouter Hendrickx

Elástica Films / Avalon

Sinopsis: Una pareja de cineastas estadounidenses se retira a la isla de Fårö, donde vivió el cineasta sueco Ingmar Bergman, en busca de inspiración para escribir sus próximas películas. Según avanza el verano y aumenta su fascinación por los misteriosos paisajes de la isla, la frontera entre realidad y ficción no tardará en desdibujarse…

Crítica:

Hay pocos cineastas con una filmografía tan prolífica —más de 46 largometrajes en 55 años—, tan reseñable y tan influyente como el sueco Ingmar Bergman. Su legado sigue presente en la cultura contemporánea, ya sea a través de la miríada de cineastas que se declaran influenciados por el autor, a través del interés y la devoción que despierta continuamente como objeto de estudios académicos y de cine documental o incluso a través de la labor de la Fundación Ingmar Bergman, que gestiona tanto sus propiedades como sus archivos personales, así como el museo dedicado a él en la isla de Fårö. La isla se hizo famosa por su relación con el director, no sólo porque fue el escenario de varias de sus películas, sino también porque vivió allí la mayor parte de su vida, hasta su muerte en 2007.

La isla de Bergman es, sin embargo, una película que no queda relegada a la sombra de un simple homenaje al autor, sino que propone un cambio de perspectiva. Vicky Krieps y Tim Roth interpretan a una pareja de cineastas, Chris y Tony, que se trasladan a la isla para realizar una residencia artística en una de las casas de Bergman en el lugar. Esta premisa permite reflexionar no sólo sobre el proceso creativo cinematográfico, con claves ya muy exploradas por varios cineastas, sino también sobre el impacto de la política de autor en el cine independiente contemporáneo, la cinefilia y las peregrinaciones que esta devoción suscita, la mercantilización del arte y los límites entre la narrativa y la vida misma. Quizá el momento más brillantemente iconoclasta es la introducción del grupo musical sueco ABBA, a través de la canción The Winner Takes it All, como un signo cultural de igual peso simbólico que la filmografía de Ingmar Bergman, poniendo a los dos en pie de igualdad como objeto de fetiche y arte mercantilizado.

A medida que avanza la película, se desplegará un dispositivo metanarrativo de varias capas. La inclusión de este aparato es más que un truco desechable. A través de él, Chris tiene espacio para concretar y poner a prueba sus planteamientos sobre la labor cinematográfica. Todas estas cuestiones se ponen en perspectiva desde la condición femenina compartida por la directora, Mia Hansen-Løve, Chris, su protagonista, y Amy, la protagonista del guión que escribe Chris. En ese sentido, las tres comparten una actitud investigadora y rebelde que guía el desarrollo temático de la película. Mia y su director de fotografía, Denis Lenoir, conducen a la cámara capturando los paisajes naturales de la isla con atención, como si intentaran captar en la luz algún rastro inmaterial de Bergman, y de su mitología. Es decir, no intentan captar la isla como lo haría el cineasta, sino que establece una visión propia de los sitios y del propio Bergman. Chris, consecuentemente, evita el ‘Bergman Safari’, el tour que recorre los principales sitios utilizados por el cineasta en Fårö, y dibuja su propio itinerario en bici, con sus propias impresiones, oponiéndose al debate académico que mantiene Tony en el safari (con Jordi Costa, nada menos). De hecho, lo que se propone es ver al autor no sólo como un artista, sino como un individuo con múltiples roles sociales. Por mucho que Chris (y Mia) admire la obra de Bergman le resulta difícil separarla de quién era en su vida privada y del hecho de que la producción una obra tan extensa es considerablemente incompatible con una vida familiar. Ahí radica el conflicto interno central del personaje: la percepción de que sus roles de cineasta, esposa, amante y madre son inseparables los unos de los otros y de su obra, una amalgama muchas veces contradictoria y aterradora, alejándose del simplismo romántico y abrazando la complejidad de la vida y del arte.

La presencia constante del fantasma del autor, ineludible e intimidador, pero al mismo tiempo fascinante, facilita la tensión entre la perspectiva feminista (la alternativa) y la política de los autores (corriente cinematográfica que ha inundado el escenario del cine artístico desde la década de 1960 y que alimenta una cinefilia que no cuestiona su machismo internalizado). Tony no encuentra dificultades en desarrollar su trabajo creativo en la isla, mientras Chris describe su proceso de escrita como un tipo de tortura. La ansiedad, los atascos, la inseguridad, la procrastinación y la huída componen un retrato muy preciso de una experiencia que la propia Mia seguramente compartió cuando estuvo trabajando en el guión de la película en la misma isla, y que se origina precisamente de la tensión entre el yo creador femenino y una cultura de autoría privilegiadamente masculina.

Así, La Isla de Bergman se muestra al final como un juego de oposiciones, conflictos y contradicciones, que al desvelar el artificio detrás de la ficción constata la fluidez de la vida y se afirma como un manifiesto sensible por una autoría femenina.

Avalon / Elástica Films

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