Mi país imaginario

Ficha técnica:

Título original:

Mi país imaginario

Director: Patricio Guzmán

Duración: 83 min

País: Chile

Idioma: Español

Syldavia Cinema

Sinopsis:

Crítica:

En The Sandman #18: El sueño de miles de gatos, que recientemente se ha visto adaptado a la pequeña pantalla en el enésimo capítulo de The Sandman, Neil Gaiman y Sam Kieth narraban cómo la suma de los sueños de muchos humanos hizo que los gatos, primeros dominadores del mundo, empequeñeciesen y los humanos creciesen, tomando el poder; para que los gatos pudiesen dejar de ser esclavos de los humanos deberían soñar, al menos mil de ellos, a la vez un sueño compartido de ese mundo mejor. En apenas una grapa, los autores resumían lo que Patricio Guzmán llama en su nuevo documental «Mi país imaginario», que no es otra cosa que la antesala invisible a un movimiento social revolucionario.

El cineasta documenta los procesos sociales que llevaron a un nuevo proceso Constituyente en Chile en 2019, aún abierto hoy en día. Para ello, se aleja lo máximo posible, tanto a nivel de contenido como de forma, dejando que las protagonistas hablen por sí mismas —eso sí, se permite aportar su granito de arena y dar pequeños apuntes, casi notas al pie de página, sobre la memoria, sobre la Historia del país y sobre su propio pasado marcado por la política. Frente sus cámaras aparecen madres, hijas, abuelas, ajedrecistas, fotógrafas, politólogas, músicas… Una mezcla, a la vez, heterogénea y homogénea, diferente y similar, capturando así el espíritu colectivista y diverso de los movimientos sociales y desmintiendo ese mito sobre que éstos signifiquen una pérdida de la individualidad. De esta forma, también se subraya que la lucha es transversal: los derechos los indígenas, el feminismo o el colectivo LGBTI están estrechamente vinculados con la lucha de clase, que, definitivamente, ya no se entiende exclusivamente desde la economía política. Como se dice en la cinta muy elocuentemente: «La revolución es feminista o no es.»

El cine de Patricio Guzmán siempre se ha sido urgente y comprometido políticamente, incluso en aquellas obras donde no se muestra tan visible, y siempre ha estado atravesado por la importancia de la memoria. Mi país imaginario es una película tan olvidable como necesaria, que surge del entusiasmo colectivo y que, por ello, no pasa de lo coyuntural. Pero que registra uno de los movimientos sociales más estimulantes y esperanzadores del panorama político internacional actual —particularmente en un contexto donde las democracias parecen estar perdiendo la partida a los asaltos de la ultraderecha y el capitalismo feroz—, dotándolo no solo de un valor político, sino también de uno antropológico. Puede que no sean la película más nerviosa intelectualmente ni formalmente del director chileno, pero, al salir de un sitio tan hondo, quizá sea una de las más importantes.

El cineasta mezcla imágenes de archivo, de algunas de las protagonistas o no, e imágenes filmadas por él mismo, dando como resultado una obra tan impersonal (aparentemente, pues tiene algunos modismos del realizador chileno) como colectiva. Y, si el cine es un sueño —como afirmaba el poeta—, este documental es el registro del sueño común que movió todo un país en busca de lo imaginario.

Market Chile

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