Festival de San Sebastián 2022 (VI)

Encabezamos la recta final del Festival de San Sebastián con grandes títulos y algunos descubrimientos inesperados. Entre los primeros se encuentran La consagración de la primavera, que es, a día de hoy, la favorita a la Concha de Oro junto con La Maternal de Pilar Palomero, según la crítica, El techo amarillo, documental de Isabel Coixet sobre las víctimas del Aula de Teatre de Lleida, y El prodigio, nueva película de Sebastián Lelio con Florence Pugh. Entre los segundos, se encuentra la nueva película de Carla Simón tras Alcarràs y una película argentina a la Kiarostami.

La consagración de la primavera (Fernando Franco) – Sección Oficial

Se puede trazar una línea recta a lo largo de los tres largometrajes de Fernando Franco que marcase la evolución de su representación de los cuidados. Si La herida estaba protagonizada por una joven con trastorno límite de personalidad y en Morir se compartirse ese carácter central entre el enfermo terminal y su mujer (aunque ésta tuviese un mayor peso), en La consagración de la primavera asistimos a la sublimación de esta idea. En teoría (o al menos la lectura hegemónica y didáctica de la cinta) la nueva cinta del realizador «versa» (si es que hablar de temas en esta cinta tiene sentido) sobre la sexualidad de personas con parálisis cerebral; la práctica es más complicada.

La protagonista absoluta es Laura. Ella es el centro de todas las escenas, incluidas aquellas que no tendría que ser el centro (como las escenas de sexo con David, que, si la película se atuviese a la teoría, no estarían rodadas casi exclusivamente a partir de los primeros planos de la cara de la joven). Por ponerlo de otro modo: el personaje de Laura, en La Herida, sería el internauta con el que interacciona a través de un foro online. A eso se le añade la propia búsqueda de la sexualidad propia de la protagonista, quién utilizará su experiencia con David para resolver sus propios problemas. Una forma perversa y paternalista —y muy común, por desgracia— de abordar una problemática que está, como se ha reconocido en la propia rueda de prensa, invisibilizada .

Es una película que se apoya casi exclusivamente en el guion (que no siempre acierta), más que en las formas; y, más concretamente, en su personaje principal (interpretado con gracia por Valeria Sorolla), auténtica razón de ser de la película. Sus mejores momentos son aquellos que retratan a la juventud y sus inseguridades con una naturalidad y una verdad pocas veces vistas en pantalla grande, mientras que su mayor acierto es saber transitar un camino de dudas sin responderlas. Jorge Sánchez.

The Wonder (Sebastián Lelio) – Sección Oficial

El director chileno comienza este thriller psicológico de época basado en la novela homónima de Emma Donoghue, desvelando el aparato ficcional cinematográfico. Florence Pugh interpreta a una enfermera a la que se la ha encargado el deber de vigilar a una niña que, a pesar de llevar cuatro meses sin comer, no muestra signos de inanición, con el fin de averiguar si hay una causa lógica del supuesto milagro. Lelio construye el suspense a través de esta firme, aunque empática, enfermera que, sabedora de ciencia y medicina, se enfrenta a un fanatismo religioso que puede llegar a matar a una niña. Ese rechazo a la ciencia resuena en tiempos recientes, cuando las campanas del negacionismo aún resuenan con fuerza, señalando la importancia de la lógica y la escucha atenta a los expertos. Un mensaje que no se impone al género ni a los personajes y termina por desarrollarse como un paisaje romántico. A diferencia de en No te preocupes, querida, Florence Pugh no se encuentra sola frente al mundo y aquí sí se encuentra acompañada por un guion solido (con alguna que otra fractura, pero sólido) de intriga casi detectivesca, que firman el propio Lelio Alice Birch, y una puesta en escena coherente, llegando el punto de no sobresalir por encima del resto de la película. Presentada en el Festival de Venecia, estamos ante la película de un autor consolidado al que Netflix le haya dado carta blanca que más desapercibida está pasando de este año; y es una pena, porque bien merece nuestra atención. María Valdizán Cuende.

Le sostre groc (Isabel Coixet) – Sección Oficial Fuera de Concurso

Ojalá no tuviera que existir esta película. A modo de “justicia poética” —porque la vía judicial se les fue negada a las denunciantes por haber prescrito los crímenes—, Isabel Coixet recoge las historias de las mujeres que en 2018 denunciaron los abusos sucedidos entre 2001 y 2008 en el Aula de Teatre de Lleida. En nueve partes (Él, El aula, La inestable, Los viajes, Los rumores, El director, El silencio, La denuncia, Ellas), Coixet entremezcla los testimonios de las niñas ya mujeres con la recuperación de fotografías, vídeos y noticias de la inaceptable experiencia.

Sorprende que, a pesar de la crudeza de los hechos, el documental está completamente alejado del melodrama y no está vehiculado a través de la tristeza. Coixet no se centra en los abusos como tal, ya que comprende la dificultad de los procesos de revictimización; en su lugar denuncia la impunidad, dando una parte activa a las chicas y denotando la importancia de traspasar la responsabilidad al abusador y dejando clara la imposibilidad de consentimiento por la situación de poder de un profesor sobre una alumna.

En las chicas que sufren estas situaciones pesa ese sentimiento de culpabilidad, de molestar, de afectar la vida del abusador, de ser responsable y de haber provocado la situación. Mientras, Antonio Gómez, el profesor que cometió los abusos, recibió 59.000€ de indemnización por su despido, la escuela no quería arriesgarse a una demanda por incumplimiento de contrato. Al final del documental, los periodistas colaboradores y Coixet llaman al abusador, que no quiere aparecer en el documental porque no considera que lo sucedido fueran abusos. La realizadora y su equipo toman una decisión, no queriendo cometer el mismo error que el aula de teatro de obedecer la ley en lugar de la moral, mantienen esa llamada en el corte final a pesar de la negación del abusador. Isabel Coixet no hace un retrato del sufrimiento, hace una denuncia, acercándose a las víctimas con empatía, sin transmitir lástima y transformando el documental en un proceso terapéutico. Ojalá no existiera la película, pero es absolutamente necesaria. María Valdizán Cuende.

Historias para no contar (Cesc Gay) – Gala RTVE

Cesc Gay seguramente sea el cineasta y dramaturgo español que mejor ha sabido conformar un terreno común entre dos disciplinas que han mantenido un tira y afloja constante. Sus películas viven en ese terreno y algunas fructifican y otras no. Historias para no contar, presentada en el Festival de Toronto y que participa en la Gala de RTVE en San Sebastián, se encuentra en la tierra de nadie de ese terreno, pues, por su carácter antológico, algunas historias funcionan y otras no, si bien todas terminan siendo, en mayor medida, entretenidas y/o divertidas.

Las historias giran en torno a las mentiras y las medias verdades (por esa razón el giro trans de la historia protagonizada por María León, Antonio de la Torre y Alex Brendemühl es incómodo e incomprensible, pese a los intentos de maquillaje) y, si bien no terminan de ofrecer suficientes puentes, sí entrega una excusa perfecta para el desarrollo de la comedia, que cobra vida gracias a un elenco de superestrellas. Esta colección de estampas sobre la ridiculez humana hará de las delicias de aquellos que estén dispuestos transitar esa tierra de nadie. Jorge Sánchez.

Carta a mi madre para mi hijo (Carla Simón) – Zabaltegi-Tabakalera 

En el que ya es uno de los años más fructíferos del cine español, el Oso de Oro de la Berlinale coronó a Carla Simón. Y, sin restarle importancia a Alcarràs, la obra más estimulante que la directora catalana ha lanzado este año es un pequeño cortometraje patrocinado por Miu Miu y presentado en el Festival de Venecia.

El corto, de apenas 22 minutos, se estructura en tres partes (o en dos partes con una de ida y vuelta). La primera (y la última) son imágenes tomadas, cámara de Super8 en mano, del embarazo, del propio rodaje del corto, de unos intertítulos escritos a mano, de algunas fotografías y del hijo recién nacido; la segunda, aquella que se cuela entre los dos segmentos documentales, cuenta un cuento desarrollado a lo largo de tres tiempo sobre la vida de la madre, fotografiado y montado con formas opuestas al lenguaje que acostumbra la cineasta. Es decir, una primera parte de registro un proceso y una segunda de dejar volar la imaginación. Y, entre medias, las posibilidades estéticas del cine.

Pasará desapercibido, pese a encontrarse íntegro en el canal de YouTube de su distribuidora, pero, en ningún momento, ha de considerarse una obra menor de Carla Simón. Jorge Sánchez.

Amigas en un camino de campo (Santiago Loza) – Zabaltegi-Tabakalera

Tras varias películas de ambientes rurales en esta edición del Festival de San Sebastián (y en los últimos año), el título asustaba, y con razón. La realidad, sin embargo, se encontraba en el polo opuesto.

Amigas en un camino de campo es una película argentina sencilla. Un meteorito cae en los alrededores del pueblo donde viven dos amigas, que saldrán a dar un paseo para buscarlo. Durante casi hora y media asistiremos a ese paseo, a las conversaciones y silencios entre ambas —y, con ellas, a su pasado y su futuro— y a los paisajes invernales que acogen a las dos mujeres. Con un estilo muy inspirado en la filmografía de Abbas Kiarostami (como Jonás Trueba en Tenéis que venir a verla), es una cinta calmada La fotografía sencilla y poderosa se complementa con (no tan interesantes) fragmentos de poesía de Roberta Iannamico (pero que algunos fragmentos bien podrían pertenecer a los poemarios del cineasta iraní), que se convierte en el elemento vertebrador de la existencia de estas dos mujeres. Tiene sus problemas, que se perdonan sin pensarlo, pues enseguida uno se da cuenta de la inagotable fuerza de una película que no necesita más que dos mujeres y un meteorito para emocionar. Jorge Sánchez.

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